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La comunidad drogada y organizada: una lectura de Purirú de Mariano Quirós por Germán Parmetler

  • Foto del escritor: Germán Parmetler
    Germán Parmetler
  • 25 jul 2025
  • 6 Min. de lectura

Germán Parmetler lee y presenta Purirú (ed. Alfaguara), la nueva novela de Mariano Quirós.

Las palabras que siguen a continuación fueron dichas en el marco de su presentación en Chaco, el día viernes 18 de julio en Macedonio bar, en donde Parmetler fue invitado a presentar y a hacer la música junto a Leandro Chiqui Figuera.




Título, palabra y vicio

Como sólo pueden hacer los capos que trabajan –y se divierten– con la palabra, Mariano Quirós acuñó, para el título de su última novela, una palabra. Esta palabra inventada, inventa a su vez una sustancia y unos efectos que circulan entre la gente de un lugar: purirú.


Mariano sabe que el motor de la percepción alterada sigue siendo uno de los mejores recursos de escritura para soltar la mano y soltarse a escribir. Y sabe también que la percepción no se altera solamente por los efectos de una droga. Él sabe narrar, en Purirú y en toda su obra con todas esas alteraciones perceptivas (que nos hace ver las mismas cosas distintas o como si fuera la primera vez): a saber, la emoción violenta, los sueños, la mirada adánica de los niños o del retraso madurativo, la voz animal (la voz extraña en la voz propia), la propia historia familiar revisitada, la transculturización, el viaje, la euforia y la paranoia (que son efectos de la droga y el alcohol).


 

Territorio: pueblo          

Mariano escribió, quizá, con Purirú, y junto con Víspera negra de Ceballos, la gran novela correntina. La semana pasada Mariano estuvo presente en Corrientes, en los festejos por los 40 años de Buenavista, el pueblo literario, ficcional, que imaginó José Gabriel Ceballos. Maravilloso, quijotesco, eso de festejar la vida de un pueblo y sus habitantes –con sus ternuras, resentimientos, heroísmos, crímenes y miserias– que existen sólo en la literatura. Antes de comenzar la presentación, Ceballos dijo:


“En Buenavista están muy contentos, y están transmitiendo en directo por altoparlante, porque todavía no les va lo del streaming; hay baile, festejo, y Marianito Quirós ya mandó un cargamento de purirú, porque en eso sí se aggiornaron y con el alcohol solamente no alcanza”.

Como Ceballos, en Purirú Mariano también arma un pueblo de ficción, uno con represa, orillando el Paraná, cerca de Posadas, que se llama Santa Rita, y también hay homenajes a “Kilómetro 11”, de Mempo y a “La frontera”, de Miguel Molfino.


 

Territorio: lenguaje

En la contratapa de la novela, la grosa de Selva Almada dice:


“En Purirú la región Quirós se extiende como una mancha voraz. Otro río lleno de desperdicios y podredumbre, sin embargo, encantado en lo profundo… Y su narrativa contagiosa que da ganas de leer sin parar, subidos a esa música escamada que en este libro destella desde el título.”

Se puede trazar, geográficamente, como dice Selva Almada, esa región Quirós. Solamente que, como el universo mismo, está en permanente expansión y como el río, no deja de fluir desde su lenguaje.


Presentación de Purirú en Bar Macedonio, Resistencia
Presentación de Purirú en Bar Macedonio, Resistencia

Desde Resistencia, se mete en el Río Negro e irradia por todo el interior del Chaco: Campo del Cielo, Gancedo, Miraflores, la Colonia de Tragadero y un Zaparinqui inédito donde aparecieron las raquetas matamosquitos que sirven para la lucha armada en Purirú (en donde se abarca ahora la costa y el interior correntino) y también está el Buenos Aires extrañado (otra alteración de la percepción) en su anterior novela, Nuestra hermana de afuera. Lo dicho: la región Quirós no deja de expandirse y no queremos saber hasta dónde va a llegar-. Queremos que, como siempre, nos sorprenda.


Pero la región más clara y sorprendente, en donde brilla su educada irreverencia, su elegancia humilde y musical, la que nos vuelve adictos, es la que vive en su prosa narrativa, que presenta, con mano de artesano y arquitecto a la vez, los elementos constitutivos de cualquier representación narrativa: espacio, personajes, relaciones y conflicto. Y estos elementos se mueven y te atrapan una y otra vez en un lenguaje literario y musical que crea una épica verdadera, es decir contemporánea (como el Quijote, como Pedro Páramo, como El Gran Gatsby) que, en su caso, mueve y conmueve con las épicas (la aventura) de esta época. Primero, el policial: todas las novelas de Mariano son más o menos policiales; después –algo que trasciende las épocas– la familia y la novela familiar; el western y su territorio de frontera y por último, sobre todo con Purirú, aunque ya desde Torrente, las fronteras de la percepción y la narración. En Purirú, inclusive, aparece la épica futbolera, con el más épico de todos: el Diego. Que también fue atrapado, y cuando te atrapa al principio parece que está bueno, pero la noche oscura del alma no tarda en llegar.


Hay espacio también para el debate lingüístico en las tragedias comedias llenas de ternura que son las narraciones de Mariano –como las pelis de Woody Allen–. Uno de los más graciosos que tiene lugar en Purirú es si se dice chipa (grave) o chipá (agudo). En mi gira por Buenos Aires, además de dar clase en todas las escuelas secundarias de La Plata y Ciudad de Buenos Aires y de cantar en alguna que otra banda de rock platense, tuve tiempo para hacer tres cursos de guaraní en el CUI. Esta cuestión (chipá o chipa) fue debatido en algunas clases de esos cursos. Por supuesto, como fumador de purirú, olvidé todo, pero tenemos un grupo de whatsapp y ayer tiré la inquietud y la misma profe contestó:


Verónica Gómez

Territorio: río

Nada les dije sobre la historia –el argumento– de Purirú. Nada mejor entonces que recurrir a la palabra de su autor, que, con la precisión y la poesía a la que nos tiene acostumbrados dice:


“Purirú es la historia de Mateo, que un día baja al río junto a sus perros, el Indio y la Cambá, y al Indio se le da por perseguir una bandada de patos que vuelan hacia la orilla de enfrente. El Indio se manda al río y detrás de él va la Cambá, perra vieja que no está para esos trotes. La corriente del río se lleva a los dos perros, y Mateo tendrá que salir al rescate.
Purirú también es la historia de Mercedes, pescador muerto de hambre que sólo quiere estar tranquilo, fumar cigarros de purirú y olvidarse del mundo alrededor, y a quien Mateo va a pedirle ayuda en su tarea de rescate.
En ese derrotero aparecerá Carlos Quiroga, profesor de secundaria, poeta que no escribe poesía, enamorado de las mil maneras de consumir purirú (lo fuma, lo bebe, lo aspira, ¡lo come!) y aparecerá aquello que Quiroga alucina y vive, que un poco es decir lo mismo.
Y, por último, Purirú es la historia de Lolo y Salvador, que quieren irse del pueblo y para eso se suman a la tripulación de La Lucero, barcaza que está al mando del capitán Titilo y con la cual pretenden llegar hasta Rosario. Pero la bajante no permite la salida de la barcaza y Lolo y Salvador quedan con un pie a bordo y otro en el pueblo, como en un limbo. Desde ese limbo, hecho de purirú, tendrán que liberar al pueblo de la vil tramoya de una casa de préstamos que estafó a todos sus habitantes. Y mientras tanto todo eso pasa, el purirú circula como una bendición, un alivio y una condena.”

 

Son cuatro partes, que, básicamente nos dicen que tomar solo es una cagada. Sólo con el otro nos podemos rescatar, si no, te secan los malos. Anoche, en nuestro último ensayo, le pregunté a Chiqui de qué nos habla Purirú. Su síntesis fue gloriosa: “Es una novela – dijo– del río, de la droga, de la pérdida de la soberanía –propia y colectiva–, y los préstamos peligrosos que siempre nos dejan más deuda”. Qué más decir.


Nos rescatamos entre nosotros, aunque siempre necesitemos un líder como el capitán Titilo; aunque las deudas –internas y externas– van a seguir estando ahí, como al acecho.


Nos rescatamos entre nosotros, si no, nos estancamos en la bajante o el río nos lleva puestos en la inundación.


Chiqui Figuera, Germán Parmetler y Mariano Quirós
Chiqui Figuera, Germán Parmetler y Mariano Quirós

GERMÁN PARMETLER


Escritor, profesor, músico y actor nacido en Resietencia, Chaco. .

Publicó el libro de cuentos Lagunas (Viceversa, 2010) y su narrativa aparece en antologías como Cuatro perras noches (2008), junto a Pablo Black y Mariano Quirós, y Germen (2015), con el relato “La vaca”.

Profundizó su formación con talleres de narrativa y dramaturgia con figuras como Leopoldo Brizuela, Alejandro Tantanian y Ariel Farace .

Es multifacético: fue cantor y letrista de la banda de rock Cortina de humo, también incursionó en la actuación con papeles en las series televisivas TV 60 (2016) y El cuerpo de Ofelia (2017–18), bajo la dirección de Bernardo Cappa .


MARIANO QUIRÓS


Escritor, editor y docente nacido en Resistencia, Chaco.

Su obra transita con fuerza la narrativa del nordeste argentino, explorando el barro, la violencia, el deseo y el humor. Publicó novelas como Tanto correr, La casa de los eucaliptus, No llores, hombre duro (Premio Laura Palmer no ha muerto), Tú eres para mí, Robles, Río Negro (Premio Tusquets de Novela 2015) y Una casa junto al Tragadero (Premio del Fondo Nacional de las Artes).

También escribió libros de cuentos como Toro verde y Campo del cielo.

Asimismo, dirige la Colección Mulita. En febrero de 2025, salió Purirú, su última novela, editada por Alfaguara.

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