Narrar hasta desbordarlo todo: Paz Solís lee Narraton de Bruno Dotta
- Paz Solís Durigo

- 24 nov 2025
- 3 Min. de lectura
La Lechiguana ya te había compartido un fragmento de Narraton (2024) del escritor y editor Bruno Dotta, publicado por La Máquina Eterna. Hoy, además, Paz Solís lee y recomienda esta novela que puede conseguirse en la tienda online de su editorial: https://www.lamaquinaeterna.com.ar/

Hay libros que parecen narrarse desde sus propios bordes. La novela Narraton de Bruno Dotta pertenece a esa clase de textos donde el procedimiento es el protagonista: la voz no se limita a contar, se muestra mientras se mueve, se corre, se fragmenta, se mezcla. En lugar de estabilizar la historia, Dotta apuesta por una narración que desborda, que se desacomoda a sí misma, que sorprende por la manera en que se construye.
La escena inicial del prólogo ya instala ese tono. Un personaje, quieto en la orilla del río, afirma que “puede mirar cualquier cosa y hacerlo con total indiferencia”. Ahí aparece la primera clave: la narración observa sin apuro, pero no permanece fija. Lo que parece indiferencia es, en realidad, una fisura por donde empieza a filtrarse el movimiento. Desde esa orilla, el libro abre sus capas como si cada frase habilitara otra voz posible.
Lo que sostiene el texto es su artificio: Narraton apuesta por una carrera de narración, un sistema de cruces y mezclas que busca contarlo todo y desbordarlo, sin esconder jamás su mecanismo. Y lo hace en distintos niveles.
En un primer nivel, las voces de sus personajes se deslizan unas en otras, se rozan, se confunden, se contaminan. Nos hacen dudar: ¿quién está contando esta historia? El libro tensiona la base de cualquier novela: ¿qué es un narrador?, ¿cómo suena una narradora? La narración misma propone una imagen mínima para pensar la escritura:
“Hace falta un poquito de presión… así se exprime el jugo de una mandarina”.
La metáfora funciona como declaración de poética: la narración como ese jugo que aparece cuando apenas se la aprieta, cuando apenas se la fuerza. Estas mezclas, que en el libro suceden de modo sutil, no operan como un capricho formal: el libro es una reflexión íntima sobre narrar. En él, no hay un único dueño de la voz: la voz es un territorio en constante desplazamiento.
Pero, el procedimiento no se agota ahí: abre otra deriva. En un segundo nivel, el libro incorpora un guiño humorístico que funde y confunde la figura del editor-personaje, el editor real del libro y el escritor. Y es que Bruno Dotta publica Narraton en La Máquina Eterna, su propia editorial, introduciendo un momento bisagra en el que la narración parece declararse a sí misma con una franqueza tan brutal que nos provoca una sonrisa:
“Detesto la literatura”.
El gesto descoloca, pero abre un mundo. ¿Quién detesta la literatura? ¿El narrador? ¿El personaje? ¿El editor rodeado de libros que no quiere leer? ¿Cuál de ellos dos? La confusión entre el editor-personaje y el editor real aparece para desordenar: este editor —aquí multiplicado en distintas tareas— ofrece un universo que dice detestar, y ese desajuste aporta al libro una dosis lúdica muy eficaz.
El desborde se juega justamente ahí: en la imposibilidad de separar nítidamente estos roles. El editor (los editores) corrigen, dudan, se fastidian; el escritor también; el narrador relata; otro narrador se mezcla y lo completa; un personaje recuerda o se pierde en sus pensamientos; otro se fusiona con él. Nada queda completamente separado. Los roles se invaden, se reemplazan, se interrumpen.
Esa intromisión es el corazón del libro, que avanza derramando y desparramando sin perder nunca la claridad. Una novela que se nombra a sí misma como “desnovela”: una desnovela que narra todo hasta desbordarse y que pone en marcha una carrera de narración que intenta responder, como un eco o como un desafío:
¿qué pasa cuando escribir, narrar y editar ya no pueden distinguirse?

Nació en Haedo en 1987. Estudió Letras y Edición en la Universidad de Buenos Aires. Aparte de escribir, trabaja como bibliotecario en la Universidad Nacional de Hurlingham y es editor en La Máquina Eterna, editorial de poesía y narrativa que dirige y cofundó en 2018. También se desempeña acompañando proyectos de escritura. Al momento fue publicado en diversas antologías de narrativa y publicó las novelas Se llama Mariana, le dicen Pola (La Máquina Eterna, 2021) y Narraton (La Máquina Eterna, 2024).

Vive entre los cerros y los ríos de Córdoba. Es música, licenciada en Letras (UBA) y maestranda en Estudios Literarios Latinoamericanos (UNTREF). En 2023, publicó Contra todos los males (Avagata, Asunción), libro que incluye letras de sus canciones en castellano y en guaraní. En 2025, publicó Guaranga (Caburé Libros), su primera novela. Y en 2026, saldrá su novela infanto-juvenil Los gatos de la abuela Queché (Boris Ediciones).






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