Una lectura colmena sobre La Hija única, de Guadalupe Nettel
- Sergio Cerdán

- 17 dic 2025
- 9 Min. de lectura
Las luchas de los movimientos feministas de los últimos años han desestabilizado los mandatos sociales sobre el deber ser de las mujeres. Sobre esta afirmación, Melisa Haro y Sergio Cerdán leen la novela La hija única (2020) de la mexicana Guadalupe Nettel y, desde esta lectura, analizan el problema de la maternidad en las sociedades contemporáneas.

Introducción por Melisa Haro: ¿Un sentimiento es transferible?
Sergio Cerdán me propuso hacer, en conjunto, una reseña sobre La hija única, de Guadalupe Nettel. En cambio, le ofrezco esta introducción torpe y desmoronada.
Escribo en primera persona porque, de otra forma, me resultaría imposible. Tampoco sé si este texto es académico: probablemente, no. La distancia que genera el uso del pronombre nosotros ahora, para mí, es impracticable. Hace mucho tiempo ya, la maternidad es un tópico que me molesta, me incomoda, me sofoca, me encoje y, al mismo tiempo, genera en mí algún tipo de ilusión en un futuro tan incierto como imposible. Es, entonces, que decido, finalmente, pensar y escribir desde el nudo en la garganta que me produjo la lectura. ¿Qué sentido tendría si no, en el marco de un tema tan vital como extraño?
Esta novela es, sin duda, también hija; no única, por suerte, de los feminismos latinoamericanos que volvieron a fortalecerse, allá, por el 2015.
Si bien, por momentos, el texto parece construir algún aspecto de su vitalidad sobre tópicos comunes y esperables (mandato de la maternidad que impone el sistema capitalista patriarcal para la organización familiar burguesa y la reproducción de mano de obra para la explotación), también, es cierto que la forma rizomática de entretejer las diferentes historias que la narradora protagonista va introduciendo, ensancha las raíces a tal volumen que pareciera que eventualmente ganara la espesura. Sin embargo, la armoniosa idea del pensar colectivo y de la irrupción imperiosa de nuevas manadas (Marlene- Aurelio- Alina- Inés/ Laura- Doris- Nicolás/ Madre de Laura- La Colmena) ordenan estratégicamente, casi como un manifiesto, la agenda sociopolítica que Nettel nos trae con La hija única.
En la misma línea, los hombres aparecen en la trama como fantasmas que acechan: el hombre violento muerto que vuelve, sintomático como depresión en Doris: “El cabrón estaba muerto, y en cierto modo, ella había tenido suerte, pero su violencia seguía rondándola”, y como ataques de ira en Nicolás; el hombre que abandona: “Después de que se divorciara su madre, apenas guardó contacto con su papá”; el hombre sin responsabilidad afectiva: “El mío se presentó en uno de mis cumpleaños y de regalo me trajo un hermano”. Al mismo tiempo, está Aurelio, distinto a los nombrados, pero sobre el que también caen sospechan que inundan la socavada autoestima de Alina: “Para ser padre le había bastado con eyacular un chorro de esperma dentro de ella, un gesto de una ligereza insultante, tan fácil que podía repetirlo cuantas veces quisiera, y con una cantidad ilimitada de mujeres, como una abeja que va polinizando flores por el campo”.
Si los hombres aparecen como fantasmas, las mujeres lo hacen como brujas que intentan salir del panóptico que, durante siglos, nos ofreció el patriarcado. La médica que ofrenda a Alina un modo ilegal de acabar con el sufrimiento, el tarot de Laura que convive con la guadaña del libre albedrío, Marlene y su magia para cautivar a Inés que sólo contaba con el destino médico de ser un vegetal, Mónica que trae consigo un bagaje distinto acerca de las formas de crianza, la posibilidad de pensarla por fuera de la institución familiar, y, por último, La Colmena, colectiva feminista, que se reúne en aquelarre para pensar como desarmar el orden social que mata mujeres por el solo hecho de serlo.
La hija única, es sin duda, una novela de transformación, tanto para los personajes que van construyendo y deconstruyendo sus vidas de forma no lineal, como para lxs lectorxs. En mi caso, me acerqué despacio, de forma accidental, con mi vida a cuestas. Contuve el llanto incontables veces para evitar la mirada de un otro, totalmente ajeno. Pero fue imposible no pensar en mi deseo, en la historia familiar, en la herencia, en la ruptura, en mis amigas y en todas aquellas que sufrieron en silencio:
“Mientras me metía en la cama no pude evitar pensar en ella y en todas las madres de la ciudad que preparaban a esas horas el desayuno para sus hijos”.
Ser o no ser madre, esa es la cuestión (por Sergio Cerdán)

Desde tiempos remotos, se han establecido una serie de mandatos sociales, culturales y familiares acerca de lo que es ser mujer: el deber ser y hacer. Hace varias décadas que se viene atisbando un cambio: la evolución y la superación patriarcal. A partir de esto, podemos preguntarnos si realmente hay patrones, tradiciones, paradigmas, que se han apartado, en esta época, de las discusiones acerca de la libertad. El feminismo ha sido una corriente que ha desatado debates que se han podido abordar en distintas expresiones artísticas. En este marco, podemos mencionar e inscribir la última novela de una de las escritoras mexicanas más importantes de los últimos tiempos, Guadalupe Nettel. La hija única es una obra que se ajusta a algunos de los tópicos contemporáneos tales como la maternidad, la figura de la mujer, el bios y el zoé femenino.
Esta obra es publicada por Anagrama, en plena pandemia. Nettel la empieza dos años antes y la concluye en mayo del 2020. Surge a partir de un suceso real que se superpone y se sumerge en la ficción: la historia de una mujer que decide ser madre y en el octavo mes de embarazo los médicos le explican que su hija no nacerá viva, por un problema en el cerebro. Sin embargo, la bebé supera las fronteras de la vida y la muerte. Nettel toma esta situación de una amiga, quien la vive en carne propia y le cede su testimonio para que ella escriba su novela.
De un hecho íntimo pasamos a un acontecimiento éxtimo[1]: desde lo propio hacia el afuera. No deja de ser una intimidad inofensiva (Kamenszain, 2016), una fuerza de inspiración que ella nos quiere compartir.
En esta novela, Nettel aborda el tema de la maternidad, un tópico complejo en la sociedad actual que no es algo nuevo en su literatura. El libro propone a tres mujeres en diferentes situaciones y posturas: la protagonista, Laura, quien no quiere ser madre, aunque circunstancias de la vida la van llevando a cambiar y a sentir otro deseo; Alina, la amiga, que queda embarazada como “Dios manda”, pero con una hija con parámetros diferentes a los esperados; una vecina, Doris, quien tiene un hijo indeseado al que no cuida ni valora.
En palabras de Nettel (2020):
“[…] La hija única es la novela en la que más hablo del tema, y hay por mi parte una comprensión más grande”.
Desde un testimonio real, desde esos restos, residuos y huellas crea una tensión entre la ficción y la realidad (Garramuño, 2008).
Para poder introducirnos en el libro, debemos destacar la carga del feminismo latinoamericano. No podemos distanciarnos de uno de los movimientos sociales más importantes en la sociedad, sobre todo, en una novela que plantea una idea controversial en este contexto de cambios y rupturas. Nettel es un ícono cultural en lo que concierne a la lucha feminista: “Son los años más efervescentes que me ha tocado vivir respecto al feminismo […], quería que esa fuerza estuviera presente”, afirma Nettel, en una entrevista de Winston Manrique Sabogal, en la revista española independiente WMagazín (2021). Por ello, en palabras de Halfon (2020):
“La hija única es […] una novela feminista, que boga por desacralizar la familia biológica, que muestra la importancia de generar […] para Alina y Doris, un desafió absoluto”.
Lo imaginario habita en y entre los cuerpos. Es allí en donde se encuentra el problema de la animalidad, ya que la imagen de la vida produciendo nueva vida se inserta en las nuevas poéticas de lo viviente (Yelin, 2020).
Pensar la maternidad desde lo animal es una excelente manera de tomarla como un vehículo para irrumpir en los mandatos sociales:
"la llenó de besos como una madre felina que lame a su cría recién salida de su vientre".
Las palomas que aparecen en la novela simbolizan a Laura y Alina. Hay un paralelo entre ellas y el nacimiento de Inés. Por otro lado, Laura es la figura que representa la ruptura de un paradigma, sin presiones ni estereotipos. Solo hay que transitarlo y vivirlo por sí sola. La vida, las otras versiones femeninas, las palomas y los sentimientos son los elementos que hacen que la protagonista pase a sentir un pequeño deseo de maternar. Así como también Derrida (2008) tiene un momento epifánico, lo mismo le sucede a Laura a través de la observación de las palomas. Esta situación se puede enfocar desde un pensamiento ecofeminista[2] debido a que refleja las capacidades de la mujer en relación con el cuidado del medio ambiente y de los demás seres vivos, sin necesidad de tener su propio hijo.

Laura experimenta, en carne propia, el parasitismo de puesta[3] en el vínculo con Nicolás. Podría transformarse en una madre sustituta. Sin embargo, lo deja ir y le queda un vacío inmenso. Laura: devenir madre, devenir amiga, devenir animal, devenir hija, devenir lesbiana. Al fin de cuentas, termina siendo la que más aprende y nos enseña. Logra atravesar los papeles que te regala la vida, sin importa la categoría, el patrón, el rol, el mandato social. Este es un claro ejemplo de un feminismo posthumano (Braidotti, 2022). Las mujeres vienen a levantar la bandera de la lucha, de la resistencia, de la fractura antropocéntrica y decolonial. Este movimiento feminista, según esta filósofa ítalo-australiana, es un antecedente de la corriente posthumanista, la raíz de esta crisis humanista (2015). En la misma línea, la pensadora de la India, Vandana Shiva, enfatiza el lugar de la mujer y promueve una perspectiva ecofeminista como un camino de deconstrucción, un eslabón fuerte en la biodiversidad. Reivindica el principio feminista de respetar la vida en su amplio espectro (1988).
Otro aspecto muy interesante, que se observa en la trama, es cómo se plantea el contraste entre lo primitivo-primario y lo racional; la capacidad de pensar y de usar el lenguaje. Mientras que el primero hace referencia al instinto animal, el segundo punto apunta a la frialdad humana. Un ejemplo de esto es que en la escuela se enseña que el ser más evolucionado es el humano, mientras que el menos es el protozoo. Desde este lugar, se puede analizar un enfoque antropocéntrico, una superioridad humana ante otros vivientes. Alina se pregunta si realmente es así, si estamos en la cima, y reivindica la ruptura del binomio, a partir de la figura femenina. Bios y zoé, un solo camino que conduce a la armonía y el equilibrio ecológico, como lo plantean el posthumanismo, el ecofeminismo, el posthumanismo feminista, la ecosofía y la ecología profunda.
Otra cuestión para señalar es la ruptura de la romantización de la maternidad y de la familia. Se propone una especie de desacralización de los vínculos biológicos, que son una imposición por mandato. Esta historia nos trae aceptación y respeto a favor de un nuevo enfoque: las familias no convencionales, un cambio social. En este sentido, Butler critica la universalidad que define a todas las mujeres (2002). Ellas tienen derecho a elegir, a ser sujetos individuales, únicos y heterogéneos, fuera de esta idea esencialista. En función de esto, Braidotti (2018) nos habla de la ética de la diferencia, de potenciar y proliferar las distintas subjetividades, alternativas. Esta filosofa propone nuevos modos de ser y de habitar la identidad, la vida, el cuerpo, la alteridad.
En síntesis, La hija única resume situaciones que podría vivir cualquier mujer. Muestra las controversias y los contrastes que son posiciones latentes en la sociedad contemporánea. Posee una narrativa intimista que termina siendo éxtima. Nos lleva a pensar, a reflexionar y a debatir si la literatura podría formar parte de una revolución social a partir de una ficcionalización de una experiencia personal. Debido a aquella emergencia de este tema en la literatura latinoamericana actual (Yelin, 2020), la vida es la potencia infinita de las nuevas políticas y poéticas de lo viviente. De alguna forma, esta propuesta de estetización de lo viviente es la corriente que viene a irrumpir en el paradigma falogocentrista (Derrida, 2008). Estas biopoéticas nos interpelan, nos conducen al cambio, nos desplazan del centro y nos llevan hacia lo vital. Nos dejan ver que, en resumen, la literatura es una máquina de pensar lo viviente, a través de un nuevo horizonte ficcional.
[1] "De lo íntimo a lo éxtimo" se refiere a la exposición pública de aspectos que antes se consideraban privados. El término "extimidad" fue acuñado por el psicoanalista Jacques Lacan.
[2] Esta corriente posthumanista considera que la mujer es la salida a los problemas actuales: la crisis ecológica. Es una propuesta que equilibra el lugar de esta en una sociedad machista.
[3] Esta plantea que un organismo (el parásito) deposita sus huevos en el nido de otra especie (el huésped) o, a veces, de la misma especie. El huésped se encarga de incubar los huevos y alimentar a las crías.

Profesora de Lengua y Literatura- Instituto Superior Mariano Acosta.
Cursando Maestría en Estudios Literarios Latinoamericanos- UNTREF.
Diplomada en Educación Sexual Integral- UBA
Docente, feminista, militante y amante de los animales.
Hincha de River Plate.

Trabaja como profesor de literatura en el nivel secundario, hace casi 20 años. Además, es Especialista en Prácticas Sociales de Lectura y Escritura (UNGS).
Actualmente, está escribiendo la tesis para la Maestría en Estudios Literarios Latinoamericanos (UNTREF). Su propuesta de análisis trabaja el "giro animal latinoamericano".
Fue tutor y capacitador docente en INFOD, intermediado por la UNSAM y por la UNLZ, durante el 2022 y parte del 2023. Ha publicado su primer trabajo de aproximaciones ecocríticas en La copa del árbol (2022). Su segundo artículo, acerca de la filosofía animal en la literatura argentina, fue publicado por La Lechiguana (2024), donde también se publicó su tercera reseña, en relación a una denuncia biopolítica a través de la literatura argentina.
Desde el 2023, forma parte de la UNGS. Allí dicta el Taller de Lectura y Escritura en las Disciplinas.






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