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Todos los cielos, el cielo: Sergio Gramajo lee Cielo de Caballos de Gilda Olle

  • Foto del escritor: Sergio Gramajo
    Sergio Gramajo
  • 27 nov 2025
  • 4 Min. de lectura

Sergio Gramajo lee Cielo de Caballos, la flamante novela de Gilda Olle, publicada por La Máquina Eterna. El libro puede conseguirse en la tienda online de la editorial: https://www.lamaquinaeterna.com.ar/productos




“Hugo y Cachilo. Amigos y hermanos”

-G.O-


El Barrio Luz y Fuerza de Morón es, para mí, un lugar significativo. Reconocible.


Siempre me pareció pintoresco. Cuando lo vi por primera vez, yo ya no vivía en Lafe. Estaba recién mudado a Castelar y había caído ahí para ayudar a un amigo que se había criado en el barrio, a buscar una cama porque también él se estaba mudando.


Esos lugares de casitas como clonadas, siempre me gustaron. A lo mejor porque gozan de una prolijidad que yo añoraba para mi propia casa cuando era chico.


Al poco tiempo, estaba de novio con una piba que tenía parte de su familia viviendo a dos cuadras, sobre la calle Rivero. Siempre iba a esa casa y antes pasaba por el barrio caminando. Entrada y me mandaba por esas callecitas internas con el solo propósito de mirar los colores de las casas, los jardines, los árboles.


Estos lugares siempre tienen algo nuevo. Por ejemplo, su cielo no lo había visto nunca. Ahora veo el Cielo de caballos en el que Gilda Olle capta la frescura de lo nuevo en este barrio que miré una mil veces, con deseo, con amor, con ternura.


Ahora lo veo por los ojos de Gilda, su Huguito y su Cachilo y ese vínculo entrañable. A lo mejor, Gilda es poeta y no lo sabe. Porque hay algo de la brevedad que tiene la poesía, que se da en la estructura de esta novela. Esa intención solapada del poema en captar la atención con lo breve, se da en los capítulos de Cielo de caballos y te deja con la historia latiendo en el cuerpo, como si en vez de letra fuera piel. Como si en vez de narrativa fuera poesía. Como si en vez de historia fuera canción.


Siempre me pasó con Morón que, desde que ando callejeando por estos pagos, veo un espacio mítico. Hay algo de lo épico que siempre está presente. El fútbol y esos ascensos esquivos del Gallo. La cancha que se muda de un lugar a otro. El cambio en la infraestructura de los barrios, de la Ciudad. Las historias que se cuentan. Una vez se dijo que tocaron Los Redondos y todavía no sé si eso pasó o es parte de su mitología.


Todo eso recupera Gilda con su narrativa. Le da a Morón la épica y la mitología que lo hacen grande.


Ver Morón a través de los ojos de esta autora, es ver el mundo con sus luces y sus sombras. Mares, montañas, ríos. Todo está en este Morón y te lleva puesto. Te enamora. Si yo no fuera de Lafe, sería de Morón. Del Morón de Gilda Olle.


Este Silvio Astier moronense que es Huguito (antes de ser el Loco Hugo) es una conexión directa (consciente o inconsciente) con la lectura de Arlt. Es decir, con la importancia de haber leído Arlt para la autora. No pude dejar de pensar en toda la novela que también Huguito bien podría ser la precuela del Rengo, del mismo Juguete Rabioso de Arlt.


Bruno Dotta, uno de los editores de La máquina eterna, dijo en la presentación de la novela: “hoy Gilda inaugura la Literatura de la ternura”. Yo agregaría que es una ternura arltiana lo que habita en la escritura de Gilda.


Porque, además, escribe para la gente del barrio en la que se crió. Eso es lo más destacable, para mí, que tiene esta autora. Ese barrio que es, como dije, todos los barrios.

La sutileza para hablar de peronismo-antiperonismo, sobre la dictadura, son realmente de los recursos más destacables que tiene Cielo de Caballos. A veces el silencio dice más que cualquier discurso, como pasa con la relación entre Huguito y su padre y ese silencio de marcha de carro en el que no se hablan, pero se dicen todo.


Otro punto alto se va macerando durante toda la novela y cae como una avalancha. Algo que pasa en el pecho del lector. Es inevitable. El final del libro es para cerrar los ojos y dormir hasta que se nos pase toda la tristeza.


Estoy seguro de que alguien alguna vez se la va a cruzar y le va a decir “por tu libro empecé a leer” o cosas por el estilo. Y eso es lo más grande a lo que puede aspirar alguien que escribe. El resto, es chimichurri.


Lean a Gilda, no se la pierdan.




Gilda Olle
Gilda Olle

Nació en Morón, ciudad en donde aún vive.

Es profesora de lengua y literatura en nivel secundario en escuelas públicas de zona Oeste. Realizó una especialización en Literatura Infantil y Juvenil en la Universidad de San Martín.

Es docente de talleres literarios en el programa Arte en los Barrios, perteneciente a la secretaria de Cultura de la Municipalidad de Morón.

Es miembro fundadora de Te Caigo en Cuero, el coso literario del oeste.

Solía ser un bicho raro del cine, donde trabajó como operadora de cabina durante casi 20 años. Proyectó películas en 35mm y luego en formato digital. Tuvo su paso por el espacio INCAA de Morón.

Tiene dos hijes adolescentes, es hincha de River Plate y su comida preferida son los canelones de verdura con salsa boloñesa.

En 2025, publicó Cielo de Caballos (La Máquina Eterna Ed.), su primera novela.


Sergio Gramajo
Sergio Gramajo

Es actor, narrador, poeta y profesor de literatura.

Trabajó como ayudante de zapatero, limpiador de zanjas y patios, cortador de pasto, mandadero profesional, cargador de caca de gallina en camiones con doble acoplado, futbolista asalariado en campeonatos de la comunidad paraguaya de Laferrere, personal trainer, chef, repositor, niñero, asistente de dirección cinematográfica, profesor particular de latín y dibujo técnico, funcionario público, vendedor de hamburguesas vegetarianas, reparador de armas de fuego, ayudante de albañil, redactor de cartas de amor por encargo, consultor, cartonero, falsificador de documentos y portero de edificio, entre otras ocupaciones menos nobles.

Autor de la novela Talón rajado y de los libros de poesía El Oficio de los Monstruos, Tiempo Marginal, Veredas y Si fuera niño escribiría poesía.  

 

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