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Edgardo Esteban: “Malvinas no es pasado, es presente”

Actualizado: 9 abr

Cada 2 de abril es distinto, nos cuenta Edgardo Esteban en esta entrevista. Excombatiente. Periodista, escritor, docente e investigador. Malvinas subyace en toda su obra. Su producción ha sido escrita antes en su cuerpo. En esta entrevista con La Lechiguana, se toma un tiempo para reflexionar y conversar acerca de la recuperación parcial y funcional de la Historia, la potencia del arte para recuperar dimensiones ocultadas y la centralidad de la cultura para mantener la memoria.


una entrevista de Lean Alba y Paz Solís Durigo





Uno no sabe de dónde saca el tiempo Edgardo Esteban. Es excombatiente, periodista. Escribe ficción y poesía. Da clases, trabaja en una investigación histórica acerca de Malvinas, estudia Historia. Y conmueve en cada obra. Edgardo relata en primera persona la Historia. Malvinas atraviesa sus materiales. Escribe sobre temas que están escritos en su cuerpo.


Dirigió el Museo Nacional de Malvinas e Islas del Atlántico Sur. Entre 1994 y 2020 fue corresponsal en Argentina de las cadenas internacionales de noticias: Telenoticias, CBS, NBC, Telemundo y Telesur. Se desempeñó como presidente de la Asociación de Corresponsales Extranjeros. Entre 1983 y 1994 trabajó como periodista en Radio del Plata.


Es autor de los libros Iluminados por el fuego: confesiones de un Soldado que combatió en Malvinas, Tres golpes en la ventana, y Malvinas, diario del regreso. También, compiló la Antología Las otras Islas y escribió el guión de la película Iluminados por el fuego.


Iluminados marcó un hito.


Mostró la privatización del dolor.


En el ‘82, la Guerra se ubicó en un lugar central de la agenda pública. Todos los reflectores del Estado apuntaban a la última ficha de la dictadura por alargar su permanencia.


Las consecuencias no entraron en el part time.


Los excombatientes, excluidos de la escena pública, fueron invisibilizados.


Iluminados alterna entre el pasado y el presente del protagonista. Un hilo los ata: Malvinas.

La Guerra, su amigo, la lucha por sobrevivir. El desamparo. Malvinas. Y retorna. La lucha por sobrevivir. Su amigo. El desamparo. Y la Guerra.


La consecuencia se buscó individual.


Separada de la Historia.


Una lógica que escondía un sentido que hoy se vuelve evidente bajo el relato neoliberal: (para eso) no hay plata.


La Guerra fue iluminada desde las luces del espectáculo. Los combatientes, por el fuego.


Sobre esa tensión echa luz el libro de Edgardo.


La despedida fue multitudinaria, la recepción minúscula.


Qué pasó. Cómo se activan y desactivan esos grandes relatos. Desde dónde. Cómo codifica el arte, cómo se adelanta. Cómo muestra la historia. Cómo dialoga con la cultura popular. Cómo ata la memoria.


Algunas de estas preguntas flotan en esta entrevista con Edgardo Esteban, que se tomó un tiempo para reflexionar con La Lechiguana.



La Lechiguana: ¿Cómo te atraviesa particularmente a vos, que levantás las banderas de Malvinas desde la militancia, el arte y la divulgación, este 2 de abril? Cada fecha es distinta, se actualiza. Y se abren dimensiones sobre el pasado alumbradas desde un presente que siempre está en mutación.


Edgardo: Para mí cada año siempre es cómo reinventarme. Es buscar por dónde pasa Malvinas. Nunca es el mismo tiempo. Siempre es una búsqueda, como cuando hicimos el “Malvinas nos une”. En ese momento me juntaba con Pedro Saborido y de alguna forma me orientaba.


Por ejemplo, en una oportunidad el planteo fue cómo rescatar Malvinas para las y los jóvenes. Para los 40 años de la Guerra, fue el rescate de los colectivos. Malvinas es transversal.


Para mí, este año es de mucha reflexión. De refugiarme en tomar distancia de Malvinas y volver a reinventarme. Volver a pensar qué es lo que pasa.


Estoy un poco confundido por esta situación de tener un presidente que reivindica a Margaret Thatcher como su referente o que habla de la autodeterminación cuando uno toda la vida ha luchado por justamente todo lo contrario. Y es el presidente elegido por el pueblo argentino, merece un tiempo de reflexión: ¿qué nos pasó? ¿qué lugar tiene esa contradicción que tenemos en tantas cosas y la tenemos también con Malvinas?



En el mundial de fútbol pasado, todo el pueblo argentino hablaba de “los pibes de Malvinas que jamás olvidaré”. Al mismo tiempo, ese pueblo argentino se puso la celeste y blanca cuando salió Argentina campeón del mundo. Cada ciudad salió a celebrar. No te preocupaba si el de al lado era de River, de Boca, de San Lorenzo, de Independiente o de Deportivo Morón. Todos teníamos la celeste y blanca. O si íbamos a votar a Massa o Milei. O a la izquierda. No importaba. Todos queríamos celebrar ese triunfo argentino.


El único evento similar, y que lo vamos a volver a vivir este día martes, es el 2 de abril. Es exactamente lo mismo. Hay una transversalidad, hay una pertenencia. Una identidad.


Y al mismo tiempo es muy volátil porque quizás los más nacionalistas, los que reivindican, son los que más acompañan al gobierno. Un gran porcentaje de los excombatientes, más de lo que uno supone, votó a Milei. Acompañaron.

Teniendo en cuenta ese movimiento que va de un polo a otro, entre la reivindicación de los excombatienes y el apoyo a un candidato que admira a Thatcher, ¿qué creés que pasó?


Yo creo que la sociedad vota más por el odio que por la convicción en muchas cosas. Si hubo una mala gestión, hay que hacer una autocrítica, evaluar lo que pasó.


Es cuestión de analizar cómo se llegó a este escenario tan particular porque es la destrucción de la política, es el triunfo de lo que significó la meritocracia y el individualismo que se intensificó en la pandemia.


Por otro lado, no entiendo la agresión en las redes. Esa cuestión de la descalificación, del odio. Yo no me comunico de esa manera. Hace unos días, Martín Kohan hizo una caracterización sobre esta cultura que se busca instalar. Es una situación de violencia que no va con mis principios.


Sí, él hablaba de una moda: la moda de la crueldad. Una pedagogía.


Yo quiero transmitir otra mirada, siempre tengo esperanza de lo que viene. Mi abuela siempre decía: “todo pasado fue mejor”. Y no, hay que trabajar para que el futuro sea mejor.


Este futuro a mí no me gusta.


Para mí un día ganado es cuando salgo a caminar, ¿viste? A mí me gusta levantarme temprano. Tengo que caminar, acomodar las ideas, trato de no escuchar música para nada. Y después empiezo el día distinto.


En el mundo de la comunicación, vivimos incomunicados.


Uno tendría la sensación de que estaría más informado en esta época porque tiene un montón de posibilidades, pero no está pasando eso.


Para mí el informarse o formarse es leer un libro, no ver todo el tiempo noticias. Estamos tan abrumados de cosas que no… vuelvo a mi abuela: “el que mucho abarca poco aprieta”.

Estamos todo el tiempo viendo tantas cosas, qué dijo el presidente, que se pelea con Colombia, con México, que el dólar…


Hay otras cosas en la vida: leer un poema de Whitman o de Oliverio Girondo. Armamos un grupo con mis hijos y yo les mando algún texto de algún autor o autora. A veces es Siddharta. Y, cuando uno es pesimista, algo de Kafka también. Pero la idea es llevarles algo distinto a lo que tiene que ser lo cotidiano, ver un poco que hay otra mirada. Y, por suerte, en la tribu, que es un gran refugio en este contexto, hay una reciprocidad en eso.


Ese intercambio que hacían los incas o los pueblos de cambiar ideas y escucharnos un poco es realmente central. Porque lamentablemente hoy hay muchos silencios y no nos escuchamos. Escuchamos la comunicación y hay otros sonidos. Si vas a caminar por la playa, es hermoso el sonido del mar y el viento. Y la gente está caminando por la playa con el celular viendo videítos. Creo que todo tiene que tener un equilibrio.


Retomando la idea sobre cómo se introduce Malvinas desde el discurso oficial, es muy llamativo porque el presidente, que representa al sector más dinámico de la alianza, reivindica a Thatcher. Y por el otro lado, está la figura de la vicepresidente que lo menciona desde una biografía familiar, ella se reconoce malvinista. Pero no se habla de los recursos, ni se discute el tema estratégico, ni la soberanía. ¿A qué le atribuís ese efecto discursivo?


Se quedan en el 82’, un momento importante en el conflicto del Atlántico Sur, pero Malvinas no es el conflicto bélico del Atlántico Sur. Malvinas es 503 años de historia, desde el primer avistaje, con esa tripulación que iba con Magallanes, es todo el proceso descolonial.


Ahora estoy trabajando en un texto del proceso de Malvinas rioplatense, todo lo que fue desde 1816, 1810. La primera persona que escribe una carta sobre Malvinas es José de San Martín, en agosto de 1816. El primer izamiento del pabellón patrio fue en 1820. Hubo una comandancia política y militar en 1828 hasta 1833. Y después vino la usurpación por la disputa por los mismos intereses que hoy del Reino Unido y de los Estados Unidos.


Es bueno poner en perspectiva cuáles eran los intereses en distintos momentos de la Historia. Hay debates que se repiten, que son los mismos. Esto también ocurre con la Antártida, estamos hablando de la mayor reserva de agua potable.


Mi investigación se va a centrar en José Hernández, que tenía un diario llamado “El río de la Plata” y ahí debatía con, por ahí les suena: con un señor que era presidente argentino en ese momento llamado Bartolomé Mitre y con otro llamado Domingo Faustino Sarmiento, que tiene una mirada más europeísta, más hacia su vínculo con Europa.


Y creo que hoy es el mismo debate. Los que me han criticado siempre lo hacen porque uno puede mirar algunas observaciones de lo que fue el conflicto bélico del Atlántico Sur. Y yo trabajé en un Museo que es un Museo de Historia, no es un Museo de Guerra. Porque hay que rescatar esa Historia. Lo que hizo Paul Groussac, lo que hizo Alfredo Palacios, Scalabrini Ortíz. Es necesario mostrar todo lo que fue el proceso de Malvinas, de lo que fue el reclamo y de lo que debería seguir siendo el reclamo a Naciones Unidas. A mí me preocupa mucho eso. Lo que fue todo ese proceso en los 70’, también es necesario destacarlo, había maestras en el Continente que iban a enseñar español, hasta tenían programas de radio.





Todas esas cosas forman parte de un proceso que no se conoce y que es parte de Malvinas. Es como quedarnos con un gajo de toda la naranja cuando escuchamos a esta gente.


Yo estoy orgulloso porque estuve en Malvinas, a pesar de algunas descalificaciones, porque uno quiere ser más integral en eso. Y a las generaciones venideras no les podés hablar solo de la Guerra, y del conflicto bélico en el contexto que fue, aquel tiempo de horror y de muerte que vivimos los argentinos y las argentinas.


Me parece que hay que trabajar mucho más en la causa Malvinas.


El arte es fundamental.


La cultura es clave.


La cultura popular, central.


Y acá se está buscando destruir la cultura.


¿Desde qué lugar vas a hablar sobre la Guerra? ¿desde los saltos digitales? ¿sin darle una profundidad? Hay una Ley Nacional que establece la capacitación a todos los trabajadores y todas las trabajadoras municipales, provinciales y nacionales sobre Malvinas. ¿Y eso en qué va a quedar?


En nada.


No es un pasado, es un presente.


Hay 187.000.000 de dólares que se llevaron de regalías pesqueras por la pesca del calamar desde el 83’ hasta el 2021.


Entonces, no podemos tapar la realidad. Acá vienen barcos y nadie da explicaciones por algo que se lleva ilegalmente nuestros alimentos, nuestras provisiones, y pueden circular en nuestra plataforma marítima continental.


Eso es muy injusto.


Destaco tu mirada acerca de pensar de un modo integral junto con las representaciones en el arte. Trazar una perspectiva que busque contener lo que se pretende retirar. Un hilo que se ata con la cultura popular. Sobre todo en un contexto de vaciamiento cultural. Las tijeras del ajuste buscan esos hilos también.


Organizarse para decir es un buen refugio. Atreverse en esto. Los grandes movimientos culturales en Argentina, en nuestra Historia, fueron después de situaciones de estas características. El Teatro abierto, a la gorra, festivales. Cuánta gente del rock transitó ese camino. Y si uno ve lo que fue la cultura popular después de la Década Infame, también.


El gobierno te puede gustar o no, pero se generaban esos movimientos culturales, en los 70’ también. Hay una resistencia desde la cultura.


Y acá quieren callar la cultura.


Yo rescato la puesta en valor. Traigo un ejemplo. Yo soy de Haedo. Y si uno está medio bajón, camina un poco por las calles de Haedo y ya se siente mejor. Y ahí, muy cerca, está el Museo María Elena Walsh. Ahí nació ella. Está hasta el jacarandá, es hermoso. A mí me sorprendió ver un jacarandá, ahí te das cuenta de la historia, de cómo uno rescata y perdura en el tiempo. Y Victoria Babjaczuk, que es la directora, fue la que encontró la partida de nacimiento en Morón, donde consta que María Elena Walsh nació en esa casa, que vivió ahí. Hizo un trabajo maravilloso, un merecido reconocimiento.


Acerca de cómo en el arte afloran también ciertas demandas en términos de representación, hay una generación que ingresa al conocimiento de lo que fue una parte vedada con Iluminados. Precisamente sobre las torturas. Un tema que era particularmente resistido. ¿Creés que hay dimensiones de Malvinas que permanecen invisibilizadas?


La película está por cumplir 20 años y el libro cumplió 30 el año pasado. Lo que no pudieron es hacerme callar. Siempre pienso en el libro de Bradbury, que quemaban libros. Y las ideas no se matan.


Yo tengo convicciones, y estoy muy orgulloso de lo que hice antes, durante Malvinas. Hoy lo vivo en carne propia, mucha gente busca hacer daño. Y la verdad es que yo siempre hablo de mi historia como si se la contara a mis hijos. Y uno a los hijos no les miente. Poder rescatar todo el relato. Ahí está el punto. No solamente una gesta, porque cuando uno ve la película de Rambo parece que Estados Unidos hubiese ganado Vietnam, y que yo sepa no ganó Vietnam.


Y no había Rambos, había gente de carne y hueso, con sentimientos, con vidas, con familias, con hijos. Y una buena película marca esas secuelas que te deja la Guerra. Porque vos sos, en tal caso, un héroe de la Guerra pero cuando volvés acá a la gente no le interesa tu guerra. Porque cada uno tiene su propia guerra.


Me parece que lo importante es seguir luchando por la memoria colectiva, por esta cuestión de que, como decía Litto Nebbia, “si la historia la escriben los que ganan, quiere decir que hay otra historia”.


Hay una verdadera historia, y yo tengo mi verdad sobre esa Historia, que a algunos les puede gustar, a otros no. Lo importante es poder hablarlo, poder debatirlo.


Iluminados es una de las tantas películas que se hizo con mucha convicción, con mucho trabajo colectivo. Hubo muchos excombatientes que participaron de ese proyecto. Yo creo que es un mensaje de lo que fue la Guerra, para bien y para mal. Y es un documento que va a perdurar en el tiempo y que, por suerte, perdura, porque siempre reaparece.


Creo que uno ha dejado una huella y eso es importante para las generaciones venideras. Después cada uno saca sus propias conclusiones, desde lo artístico, desde lo histórico. Ojalá se puedan hacer también otras películas, y ojalá podamos trabajar esa historia integral de Malvinas.


A mí me preocupa el futuro. Piensen en el mundial. Ahora piensen que en el único lugar del planeta en el que no se pudo flamear una celeste y blanca, o ponerse una camiseta de Argentina, fue en Malvinas. Y Puerto Argentino está a la misma distancia de Londres que Buenos Aires de Qatar, de Doha. Entonces, esa es una contradicción que tenemos. A pesar de este tiempo, uno cree que las cosas pasan y en algún momento vamos a volver a empezar. Y ahí tenés que estar preparado para seguir en la lucha de la recuperación de nuestras islas.


Tomando esta preocupación respecto al futuro y teniendo en cuenta a las nuevas generaciones, hay un relato negacionista impulsado desde el Estado y exacerbado por las redes, que busca un desplazamiento en la agenda mediante descalificaciones, entre otros recursos. Y vos sos alguien que vivió una época que ahora quiere ser maquillada. Y que además asumió una posición, desde el arte inclusive, pensando en esa clave ¿qué reflexión hacés?


Yo estoy un poco preocupado. Es un mundo nuevo. Para mí era lejana la Segunda Guerra Mundial, lo que fue el Holocausto, la Shoah, y para las nuevas generaciones es lejano. Cuarenta años es mucho tiempo para entender lo que pasó.


El gobierno actual tiene mayor apoyo en los y las jóvenes que se manejan con redes sociales, en este mundo nuevo, que para mí todavía sigue siendo muy inquieto.


Creo que es un momento de analizar por dónde vamos. A mí me sorprendió, no lo esperaba, no lo entiendo todavía. Porque hay que trabajar con las nuevas redes.


Por eso para mí fue muy importante hacer “Pisar Malvinas”, una experiencia inmersiva que quedó ahí, que le daba las herramientas a las y los jóvenes para poder caminar, que era con oculus. Es muy buena esa experiencia.


Creo que no se trata solo de palabras. No sirve solamente ir a charlas. Hoy tenemos que reinventarnos. Hay un proceso de deconstrucción. El desafío es cómo empezamos a remendarnos. Y después de las cenizas, cómo empezamos a crecer y a florecer.


Yo no tengo dudas de que va a ser algo distinto lo que viene pero todavía no sé por dónde va. Sé que los celulares y las nuevas teconologías serán protagonistas. Ahora estamos como saturados de este mundo que es horrible, que es muy agresivo, que es muy violento, que no importa nada descalificar al otro por descalificarlo. Y ese no es el mundo que yo quiero porque puede terminar mal, porque las guerras son consecuencia de los procesos de no comunicación, de no diálogo.


La contratapa de Iluminados por el fuego dice que “la Guerra es un procedimiento por el cual hombres que no se conocen se ven obligados a matarse por hombres que sí se conocen y no se matan”. Porque los que piensan, los que invierten… no sabemos quiénes son los que ponen tanto dinero para las campañas. Sabemos los grandes negocios que pueden haber.


Hoy mismo, y yo lo digo como estudiante, la juventud está perdiendo. Quienes están perdiendo la gran oportunidad con la educación pública y con las Universidades son los jóvenes. Y muchos de ellos, quizás con bronca, enojados, seducidos por todo esto, votaron por este proyecto. Y ahora están padeciendo esa consecuencia de no tener dinero para los boletos o para viajar. Y quizás en pocos meses más ni siquiera van a tener la posibilidad de tener una Universidad abierta porque vamos a un camino de que se cierren muchas. Y eso es muy injusto.


Tendríamos que trabajar para construir, no para destruir. Es muy fácil destruir.


Vos enseguida prendés un fósforo e incendiás.


Una tormenta, un tsunami, un maremoto, lo que sea, destruye en un momento. Y después lleva un buen tiempo construir.


Y construir todo lo que estamos perdiendo por estos tiempos es complejo y va a ser muy difícil.


Eso es lo que me preocupa.


¿Cómo nos reinventamos?




 

LEAN ALBA



Oriundo de la República separatista de Haedo.

Trabaja como editor en un portal de noticias. Colaboró en distintos medios, como Cosecha Roja, Perfil, la revista Cordón y Hamartia. Se formó en medios alternativos, como la FM Fribuay y fue columnista en la radio de Las Madres AM 530, entre otras.

Escribe ficción. Quiere escribir un cuento cuyo narrador está siempre apremiado por el tiempo. No encuentra cuándo.



PAZ SOLÍS DURIGO

Es Licenciada y profesora en Letras, y maestranda en Estudios Literarios Latinoamericanos.

El amor a las palabras de sus abuelos del litoral argentino la impulsó a aprender su lengua: el guaraní. Hoy, se dedica al estudio de la poesía en este idioma.

Se crió con el sonido de su padre misionero en Buenos Aires saludando a todo correntino, misionero o paraguayo que se cruzara: "mba'e la porte, chamigo". Pero su frase favorita era cuando él le avisaba que "en un sapy'aite" ya estaba la comida, y era mandioca, chipa o reviro.

Su verdadera pasión es la música. Compone canciones y publicó su libro de poemas en guaraní y en español Contra todos los males. También co-fundó y co-produjo los ciclos de literatura expandida Bajo el cielo la llama y Caña con ruda.





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