La educación que necesitamos para volver a vivir bien: entrevista a Rubén Esper Ader
- La Lechiguana

- 20 nov 2025
- 10 Min. de lectura
Actualizado: 23 nov 2025
La Lechiguana conversó con Rubén Esper Ader, educador, investigador e impulsor de la ecopedagogía en nuestro país. Hablamos sobre este paradigma, sobre la Escuela de Ecopedagogía que dirige en Mendoza y sobre su libro Ecopedagogía: un paradigma educativo (2021).

Carlos Rubén Esper Ader tiene más de 35 años de trayectoria docente en distintos niveles y Universidades del país. Es conferencista, escritor y cultivador de huertas familiares y escolares, dedicando su vida a pensar una educación arraigada en los territorios, en las comunidades y en la memoria ancestral. Además, Esper Ader es el impulsor de la ecopedagogía en nuestro país, y el Director de la Escuela de Ecopedagogía de Mendoza.
Asimismo, ha publicado libros clave como Otro mundo es posible (2007), Mitos y realidades de la educación (2015) y Ecopedagogía: un paradigma educativo (2021). En la charla que mantuvo con La Lechiguana, hizo hincapié, particularmente, en el último de ellos.
Antes de iniciar la entrevista, Rubén nos compartió una primera impresión sobre nuestra Revista: destacó la impronta guaraní y la manera en que La Lechiguana abraza un “sentipensar ancestral”. Ese gesto resonó con su propia experiencia: en su Escuela trabajan junto a miembros de los pueblos mapuche, huarpe, incacoya y guaraní, quienes aportan, no solo conocimientos, sino también una dimensión espiritual donde lo tangible convive con lo intangible, con las presencias de los ancestros que acompañan la palabra y le dan orientación.
Desde esa mirada, Esper Ader recuerda que para los pueblos originarios —y para la ecopedagogía que él impulsa— la educación no es solo transmisión de contenidos, sino un camino de reconexión con la tierra, con la comunidad y con el origen. “Este continente todavía está por rehacerse”, dijo alguna vez en una charla para la Universidad Pedagógica de Oaxaca (México), afirmando que la nueva educación debe surgir desde aquí, desde Abya Yala, recuperando lo que ha sido arrasado.
Con esa fuerza, ese recorrido y esa sensibilidad, iniciamos esta conversación:
La Lechiguana: ¿podrías explicarnos qué es la ecopedagogía?
Rubén Esper Ader: Definir la ecopedagogía sería muy sencillo. Pero no es tan sencillo comprenderla ¿Qué quiero decir con esto? Yo podría decir, por ejemplo, que “eco” alude a un sonido y que nosotros decimos que la ecopedagogía es la educación que transmite el sonido de la naturaleza. Ahí está la definición.
A esto hay que darle entidad, hay que darle vuelo, hay que darle sustancia. Desde que el mundo es mundo y el ser humano trata de empezar a comprender qué está pasando, sin tener referencia, con los fenómenos naturales, con los fenómenos humanos, con las otras comunidades que aparecen, con su propio cuerpo, empieza la educación a constituirse como práctica social en todos y cada uno de los pueblos que se fueron desarrollando en el Allpa-Tierra. Allpa es una palabra quechua. Es más claro decir Allpa-Tierra que Planeta-Tierra, porque planeta viene de “plano” y no somos un plano. En realidad, somos lo más parecido a una esfera.
La ecopedagogía no es nueva, es tan antigua como el ser humano en este mundo. Lo que pasa es que habría que explicar muchas cosas con respecto a por qué la educación que circula en nuestros sistemas de vida es tan diferente a la ecopedagogía, a esto que nosotros decimos “el mensaje de la naturaleza”. Acá, empezamos a establecer diferencias sustantivas y sustanciales con la educación eurocéntrica de la que somos parte.
Digamos, en principio, que la Historia que nosotros sabemos se sigue enseñando e insistiendo, en líneas generales, con la misma lógica en las Universidades y en las Maestrías: “la Historia universal” (esto de clasificarla en “Historia antigua” o “Prehistoria” hasta que aparece el lenguaje). ¿Cuál lenguaje? El que dicen los europeos. Y la escritura, ¿cuál escritura? La que dicen los europeos.
Después de la “Prehistoria”, vino la “Historia” propiamente dicha, y después tenemos la “Historia antigua”, “medieval”, “moderna” y “contemporánea”. Toda esa clasificación y esa mirada del mundo es desde Europa que la vendió como si fuera universal. Pero, los africanos tienen su propia “Historia” y su propia “Prehistoria”, y los asiáticos lo mismo. En este continente, también. El eurocentrismo dominó el pensamiento. Pero, ahora, estamos en otro tiempo. Hoy, los pueblos originarios de este continente están saliendo con su mensaje desde Alaska a Tierra del Fuego, desde Tierra del Fuego a Alaska, y estamos desandando el camino, estamos recobrando la memoria.
Por eso, la ecopedagogía tiene que ver con la Historia más primigenia de la humanidad en general, y más primigenia de este continente en particular. Cada continente tiene su impronta educativa. Y nosotros estamos en esa vía de recuperación.
¿Y por qué? Simplemente porque la educación que hoy tenemos en las sociedades no está dando respuestas a los problemas más importantes de nuestro tiempo.
¿Cuáles serían estos problemas?
Seguramente hay un montón más, pero podemos citar tres.
En primer lugar, el grado de violencia para relacionarnos entre los seres humanos. Violencia verbal, violencia física, violencia simbólica. La violencia, de algún modo, se intenta instalar como forma de dirimir diferencias. Y, en eso, la educación tiene que tener una respuesta clara, contundente, profunda y espiritual.
Otro gran problema que tenemos nosotros es la gran brecha entre ricos y pobres. Esa brecha social que lastima y lastima y lastima, porque es obvio que el sistema capitalista que predomina en Occidente es el que, básicamente, genera estas inequidades. Y estas brechas no hacen otra cosa que profundizar diferencias, profundizar distancias. Y queda tan lejos la convivencia que los pueblos necesitan para encontrar su felicidad, para encontrar el buen vivir que es propio también de este territorio. El capitalismo dice “vivir mejor”, nosotros decimos “no, vivir bien”. Se vivía bien y se puede vivir bien.
Y el tercer problema, el más acuciante tal vez, es la contaminación. El capitalismo también, este sistema de acumulación de producción y consumo se lleva puesto al planeta, al Allpa-Tierra y a las personas. Y esto no lo decimos nosotros, esto Occidente ya lo tiene muy claro. Lo que pasa es que no tiene la valentía para enfrentarlo, ni el coraje, ni la decisión para definir las políticas que puedan revertirlo. La “Carta de la Tierra”, que a nosotros nos parece que es uno de los documentos más lúcidos de Occidente de los últimos 30 años, dice muchas cuestiones interesantes. Por ejemplo, dice que de seguir con estos métodos de producción y consumo, a 2050 la instancia humana en la Tierra va a ser muy difícil. Y, también, dice que los pueblos originarios de este continente tienen verdades que han sido y son ignoradas, pero son absolutamente necesarias para el tiempo que nos toca vivir, y deben ser miradas.
¿Podrías contarnos qué contenidos se estudian en la Escuela de Ecopedagogía en los primeros años de la formación y desde qué perspectivas conceptuales se aborda este campo?
Nosotros tenemos dos años de estudio de ecopedagogía.
El primer año, trabajamos las leyes cósmicas y leyes de la naturaleza, que son leyes que nos rigen, como la de polaridad, como la ley de complementariedad, por ejemplo. Leyes que como están ahí, como nos rigen, no se suelen estudiar, no se profundizan, no se sienten.
Y eso nos abre a otra cuestión que es la dimensión cuántica. Incursionar a partir de lo conocido que serían las leyes cósmicas y de la naturaleza, hacia la dimensión cuántica que sería algo un poco más desconocido.
Y después, también tomamos la cosmovisión de los pueblos originarios de este continente. Los pueblos originarios tienen características comunes y tienen mensajes no iguales, pero sí parecidos, y entendemos nosotros que para el siglo XXI necesitamos de esos mensajes, de esa orientación y esa guía, tanto como el agua que tenemos que beber para la vida misma.
Privilegiamos el hemisferio de las artes, de la creatividad y de la emoción. Europa nos contó la Historia que nos contó y nosotros la creímos. En el siglo XV, ellos venían de la Escolástica, del Oscurantismo, de la Inquisición. Descartes dijo algo interesante para ese momento: “El hombre es un ser racional”. Nosotros le contestamos que eso es cierto, pero es solo una parte. No dijo la otra: que también somos seres emocionales. Eso lo sabemos hoy, certificado por las neurociencias que nos dicen que el ser humano tiene ambas grandes características. Podemos razonar, pero también sentimos y mucho. Y, tal vez, hasta seamos más emocionales que racionales. De ahí, aparece el concepto de “senti-pensante”. Sentimos y pensamos, pensamos y sentimos. Utilizamos permanentemente ambos hemisferios. Vamos reaccionando frente a la vida con ambos hemisferios, algunos más trabajados y otros menos. Occidente trabajó el hemisferio de la razón, y eso está clarísimo. Entonces, estamos desequilibrados, y por eso la ecopedagogía busca reequilibrarnos a partir de nuestra reconexión con la madre naturaleza.
Siguiendo con los temas del primer año, trabajamos en lo que es huertas, soberanía alimentaria. Pero, no huertas como un espacio testimonial que pueda haber en las escuelas o en las comunidades, sino la huerta como construcción de conocimiento, con tomates, lechugas, hortalizas. Desde ahí, podemos ir a la lengua, a la matemática, a las ciencias sociales, a las ciencias ambientales. Desde lo vivo, desde lo práctico, hacia la generalidad de las leyes y los campos de conocimiento. Estos son métodos que estamos desarrollando en base al contacto con las comunidades originarias y su saber ancestral.
Después, tenemos ecopedagogía y ciudadanía planetaria. Acá, tomamos a Francisco Gutiérrez, un autor que nos parece muy interesante, que, si bien nació en España, se afincó en Costa Rica, y desde ahí sacó este mensaje muy interesante que nosotros tomamos, porque nos parece que explica bien cómo deberían funcionar los sistemas educativos en este continente.
Y para cerrar esta parte del primer año, revalorizamos el rol de la mujer porque, por ejemplo, cuando tomamos la línea de pensamiento occidental, ellos arrancan con los presocráticos y así van pasando la línea de tiempo, la “Edad Media”, la “Escolástica”, el “Renacentismo”, los “posmodernos”, los “existencialistas” y ahora estos pensadores del siglo XXI. Pero, hay muy pocas mujeres nombradas ahí, se olvidaron de algo bastante importante. Nosotros reivindicamos a la mujer, hacemos una historia de la educación de la mujer. Consideramos que las mujeres son fundamentales y necesarias, no para dejar de lado todo lo otro, sino para aportar al nuevo tiempo. Y, después, todo esto se hace en base a proyectos de transformación, de superación, de trabajo compartido.
Esto sería un resumen del qué y del cómo nosotros llegamos a apropiarnos de lo que es el mensaje educativo de la ecopedagogía.
¿Cómo conciben ustedes a la ecopedagogía como paradigma y de qué manera buscan articular o acompañar el tránsito entre la filosofía eurocéntrica y las cosmovisiones del Abya Yala? ¿Qué implica ese pasaje en términos de valores, formas de conocimiento y relación con la tierra?
La ecopedagogía es un paradigma. Todo paradigma tiene principios, valores, de donde toma y le dan sustento, le dan fortaleza, le dan vigor a un mensaje, a una corriente de pensamiento, de sentir-pensar, como diríamos nosotros.
Nosotros con la ecopedagogía intentamos que mucha gente haga un pase no tan traumático entre la filosofía y la cosmovisión. La filosofía es propia del eurocentrismo y de todo el legado que tenemos en nuestras Universidades y Escuelas. Tenemos que ir a escenarios donde se hable y se sienta sobre todo de cosmovisión. Sabemos mucho de filosofía y muy poco de cosmovisión. Nosotros somos de este continente, mal llamado Latinoamérica. Nosotros entendemos que por lo menos por ahora es Abya Yala la manera más adecuada de ubicarnos en este lugar del mundo.
La cosmovisión tiene particularidades que no las tiene la filosofía. Es un conocimiento circular, un conocimiento integrativo, un conocimiento más emocional, más profundo y, entendemos, más transformador. Pero, en ese camino de la filosofía y la cosmovisión hay que hacer un trabajo interno y entender algunas realidades que la Escuela tradicional no las está dando. Entonces, nosotros en la ecopedagogía lo que estamos haciendo es ese tránsito un poco más gradual para ir al conocimiento que hoy sí necesitamos para ubicarnos y empezar a cuidarnos a nosotros y cuidar más al Allpa-Tierra en el que estamos.
En agosto, presentaste en Córdoba Ecopedagogía, un paradigma educativo ¿cómo recibió esta propuesta la provincia y qué aportes trae el libro sobre esta disciplina?
Sí, en Agosto lo presentamos en Córdoba. Primero, dimos una charla abierta, gratuita, y después un seminario que tenía un costo. De todas maneras, nosotros practicamos el Ayni, que es la contraprestación, la reciprocidad. No todo es dinero, ni mucho menos tiene todo un valor. Te doy algo, me das algo, siempre tenés algo para dar. Usamos mucho eso: el trueque, la contraprestación. Y le ponemos un valor de dinero, porque hay gente a la que le resulta más práctico eso.
Dimos un seminario donde desarrollamos algunos de los temas del programa de primer año que tenemos nosotros. Nos preguntaron mucho sobre la inteligencia artificial, por ejemplo, que es uno de los temas, y sobre la tecnología, sobre la que Occidente ahora nos bombardea. Esto parecería que es la panacea universal. Nosotros decimos que no, que lo que tenemos que hacer es trabajar más la inteligencia natural y no tanto la inteligencia artificial. La última nos la impone el sistema. El sistema quiere convencernos de que ese es el camino. Nosotros creemos que el camino de transformación es acercarnos cada día más a las montañas, a los bosques, a las aguas, a nuestro interior, a la vida en comunidad. Nos parece que la Escuela tiene que ir también por esos senderos. Este sistema busca exacerbar el individualismo humano, y nosotros creemos que frente a eso hay que plantear más comunidad.
El individualismo no es una buena receta para que el ser humano encuentre la felicidad, para encontrar el bienestar, pero ¿hasta qué punto el bienestar personal puede ser trascendente cuando a nuestro alrededor no tenemos la capacidad de compartir, de sentir, de entender que deberíamos ser parte de un mundo más fraterno? Hay mucho por trabajar, hay mucho por hacer. Estamos en ese camino, encontrándonos, generando redes, generando posibilidades nuevas, y tratando de que la ecopedagogía sea un aporte al debate educativo en todos los ámbitos y en todas las esferas. Ver cómo podemos encontrar en las comunidades caminos de integración, caminos de convivencia, porque nosotros no podemos quedarnos con una educación que siga segregando, que siga separando por niveles, por clases sociales, por etnias. No, la educación tiene que hacer todo lo contrario: acercar, hacer puentes, generar espacios de convivencia.
Por ahí va un poco la propuesta: que, por lo menos, pueda plantearse que podamos convivir todos juntos, en las tremendas diferencias que tenemos. Ojalá pueda llegar a ser un aporte a esta sociedad que está bastante huérfana de ideas.

Licenciado en Ciencias de la Educación y uno de los referentes de la ecopedagogía en Argentina. Con más de 35 años de trayectoria docente en niveles medio, terciario y universitario, ha trabajado en instituciones de formación de Mendoza y en la UNCuyo, donde dictó cátedras vinculadas a diversidad cultural y ecopedagogía.
Investigador en temas de identidad latinoamericana, educación, comunicación y ambiente, es autor de los libros Otro mundo es posible (2007), Mitos y realidades de la educación (2015) y Ecopedagogía: un paradigma educativo (2021).
Participó en los Foros Sociales Mundiales de Brasil y Venezuela. En 2001, fundó la Revista La Vena y cofundó el Foro Socioambiental Mendoza. Ha sido expositor en más de 75 jornadas y seminarios en Argentina y América Latina, y dictó formaciones en México, Chile, Perú y Bolivia.
Actualmente es director de la Escuela de Ecopedagogía Mendoza, conferencista, escritor y promotor de huertas familiares y escolares, dedicando su trabajo a impulsar una educación comunitaria, ambientalmente consciente y arraigada en las cosmovisiones del Abya Yala.






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