Operación Punta Arenas: la fuga con la que seis dirigentes peronistas desafiaron a la Libertadora
- La Lechiguana
- 18 mar
- 4 min de lectura
A sesenta y nueve años de la fuga de seis presos peronistas en la Revolución Libertadora, La Lechiguana te comparte un fragmento del flamante libro del periodista y docente Gonzalo Magliano, Operación Puntas Arenas, publicado por el Grupo Editorial Sur (GES), con prólogo de HernÔn Brienza, que puede adquirirse en www.grupoeditorialsur.com

Operación Punta Arenas es una crónica histórica atrapante de un mito olvidado de la resistencia peronista. Es, a su vez, el retrato de una época donde se fundan los pilares del sueño febril del antiperonismo: eliminar de la faz de la tierra al movimiento fundado por Juan Domingo Perón.
18 de marzo de 1957. Una noche frĆa de carnaval, seis dirigentes peronistas presos de la autoproclamada Revolución Libertadora inician una fuga novelesca y suicida de la Unidad XV de RĆo Gallegos, capital de Santa Cruz. Disfrazados de frigorĆficos, llevan un rehĆ©n a punta de pistola y planean cruzar el desierto patagónico rumbo a Chile. Liderados por el empresario Jorge Antonio, el grupo estĆ” integrado por John Wiliam Cooke (delegado personal de Perón), HĆ©ctor CĆ”mpora (mucho antes de convertirse en presidente), el misterioso e inestable Guillermo Patricio Kelly, y los dirigentes sindicales JosĆ© Espejo (exlĆder de la CGT y hombre de confianza de Evita) y el petrolero Pedro Gomis.
FRAGMENTO DE OPERACIĆN PUNTA ARENAS
Tres meses despuĆ©s de haber sofocado el levantamiento de Valle, la libertadora no podĆa afirmar haber terminado con el peronismo. Estaba golpeado, prohibido, deslegitimado, ya sin sectores leales en las Fuerzas Armadas, pero aĆŗn seguĆa vivo. Brotaba en pequeƱos actos de sabotaje o desafĆos a las prohibiciones. Eran miles, desperdigados y desarticulados, pero persistentes. Sin embargo, no parecĆan una amenaza real. Estaban lejos de amenazar la estabilidad del gobierno.Ā
El peronismo se resistĆa a morir. HabĆa una obstinación de sus militantes y simpatizantes por mantener esa identidad polĆtica. Por mĆ”s cĆ”rcel o campaƱa de difamación que hicieran, no podĆan borrar diez aƱos de un plumazo. Aramburu lo sabĆa y esa realidad efectiva lo enfurecĆa:Ā
Subsisten engranajes totalitarios en el seno mismo de la administración nacional, actuando con los vicios tristemente conocidos y saboteando sutilmente las directivas que se imparten. No creĆamos que desmantelar una dictadura sea tan fĆ”cil, pero tampoco creĆamos que muchas personas que bregaron contra tal sistema resultasen devoradas por el mismo, dijo Aramburu el 30 de septiembre de 1956.Ā
Ese rumbo no se negociaba. Si la identidad peronista era obstinada, el proyecto antiperonista lo era mĆ”s. Estaban convencidos. Iban a triunfar, era cuestión de tiempo. En una entrevista a Aramburu, el periodista cubano Luis Conte Agüero preguntó si creĆa posible un resurgimiento del peronismo o un peronismo sin Perón. Aramburu, de forma marcial respondió:Ā
āNo. El fenómeno peronista ha de evolucionar como el nazista o el fascista. AparecerĆ”n brotes, pero nada mĆ”s. Afirmar lo contrario serĆa no creer en nuestra democracia.Ā
***Ā
En agosto de 1956, John William Cooke comenzó a ser paseado por diferentes cĆ”rceles. QuerĆan romper las vĆas de contacto que habĆa construido en los meses que llevaba preso. Primero lo llevaron de nuevo a Ushuaia. A los dos meses, lo devolvieron a Las Heras, donde permaneció veinticinco dĆas. Luego de una requisa donde le secuestraron cartas ingresadas ilegalmente, lo trasladaron por unos dĆas a Caseros para, poco despuĆ©s, regresarlo nuevamente a Las Heras.Ā
Mientras estaba en Caseros, una carta logró burlar todos los controles y llegar hasta la celda de Cooke. Estaba fechada el 2 de noviembre de 1956 y llevaba la firma nada menos que de Juan Domingo Perón. Era corta, pero contundente. No habĆa lugar a dudas. En tan pocas palabras, generaba un revuelo mayĆŗsculo. Al leerla, el Bebe se conmovió. Una mezcla de orgullo y vĆ©rtigo lo atravesó:Ā
Por la presente autorizo al compaƱero John William Cooke, actualmente preso por ser fiel a su causa y a nuestro Movimiento, para que asuma mi representación en todo acto o acción polĆtica. Su decisión serĆ” mi decisión y su palabra la mĆa.Ā
En Ć©l reconozco al Ćŗnico jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el paĆs y en el extranjero y sus decisiones tienen el mismo valor que las mĆas.Ā
En caso de fallecimiento, delego en el doctor John William Cooke el mando del movimiento.Ā
En Caracas, a 2 dĆas de noviembre de 1956.Ā
Juan PerónĀ
Cuando Cooke terminó de leer la carta pensó: tengo que escaparme.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y periodista; trabaja como subeditor de Ćmbito Financiero y es docente del seminario Comunicación PolĆtica y Fake News en la UBA. Desde hace mĆ”s de 20 aƱos escribe sobre temas sindicales, derechos humanos y cultura en distintos medios como Crónica, Infonews y revista Haroldo del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (ex ESMA). Entre otros trabajos, fue editor de la web Juicios de lesa humanidad en tiempo real de la SecretarĆa de Derechos Humanos de la Nación. Operación Punta Arenas es su primer libro.Ā
