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Operación Punta Arenas: la fuga con la que seis dirigentes peronistas desafiaron a la Libertadora

  • Foto del escritor: La Lechiguana
    La Lechiguana
  • hace 21 horas
  • 4 Min. de lectura

A sesenta y nueve años de la fuga de seis presos peronistas en la Revolución Libertadora, La Lechiguana te comparte un fragmento del flamante libro del periodista y docente Gonzalo Magliano, Operación Puntas Arenas, publicado por el Grupo Editorial Sur (GES), con prólogo de Hernán Brienza, que puede adquirirse en www.grupoeditorialsur.com



Operación Punta Arenas es una crónica histórica atrapante de un mito olvidado de la resistencia peronista. Es, a su vez, el retrato de una época donde se fundan los pilares del sueño febril del antiperonismo: eliminar de la faz de la tierra al movimiento fundado por Juan Domingo Perón.


18 de marzo de 1957. Una noche fría de carnaval, seis dirigentes peronistas presos de la autoproclamada Revolución Libertadora inician una fuga novelesca y suicida de la Unidad XV de Río Gallegos, capital de Santa Cruz. Disfrazados de frigoríficos, llevan un rehén a punta de pistola y planean cruzar el desierto patagónico rumbo a Chile. Liderados por el empresario Jorge Antonio, el grupo está integrado por John Wiliam Cooke (delegado personal de Perón), Héctor Cámpora (mucho antes de convertirse en presidente), el misterioso e inestable Guillermo Patricio Kelly, y los dirigentes sindicales José Espejo (exlíder de la CGT y hombre de confianza de Evita) y el petrolero Pedro Gomis.



FRAGMENTO DE OPERACIÓN PUNTA ARENAS


Tres meses después de haber sofocado el levantamiento de Valle, la libertadora no podía afirmar haber terminado con el peronismo. Estaba golpeado, prohibido, deslegitimado, ya sin sectores leales en las Fuerzas Armadas, pero aún seguía vivo. Brotaba en pequeños actos de sabotaje o desafíos a las prohibiciones. Eran miles, desperdigados y desarticulados, pero persistentes. Sin embargo, no parecían una amenaza real. Estaban lejos de amenazar la estabilidad del gobierno. 


El peronismo se resistía a morir. Había una obstinación de sus militantes y simpatizantes por mantener esa identidad política. Por más cárcel o campaña de difamación que hicieran, no podían borrar diez años de un plumazo. Aramburu lo sabía y esa realidad efectiva lo enfurecía: 


Subsisten engranajes totalitarios en el seno mismo de la administración nacional, actuando con los vicios tristemente conocidos y saboteando sutilmente las directivas que se imparten. No creíamos que desmantelar una dictadura sea tan fácil, pero tampoco creíamos que muchas personas que bregaron contra tal sistema resultasen devoradas por el mismo, dijo Aramburu el 30 de septiembre de 1956. 


Ese rumbo no se negociaba. Si la identidad peronista era obstinada, el proyecto antiperonista lo era más. Estaban convencidos. Iban a triunfar, era cuestión de tiempo. En una entrevista a Aramburu, el periodista cubano Luis Conte Agüero preguntó si creía posible un resurgimiento del peronismo o un peronismo sin Perón. Aramburu, de forma marcial respondió: 


—No. El fenómeno peronista ha de evolucionar como el nazista o el fascista. Aparecerán brotes, pero nada más. Afirmar lo contrario sería no creer en nuestra democracia. 


*** 


En agosto de 1956, John William Cooke comenzó a ser paseado por diferentes cárceles. Querían romper las vías de contacto que había construido en los meses que llevaba preso. Primero lo llevaron de nuevo a Ushuaia. A los dos meses, lo devolvieron a Las Heras, donde permaneció veinticinco días. Luego de una requisa donde le secuestraron cartas ingresadas ilegalmente, lo trasladaron por unos días a Caseros para, poco después, regresarlo nuevamente a Las Heras. 


Mientras estaba en Caseros, una carta logró burlar todos los controles y llegar hasta la celda de Cooke. Estaba fechada el 2 de noviembre de 1956 y llevaba la firma nada menos que de Juan Domingo Perón. Era corta, pero contundente. No había lugar a dudas. En tan pocas palabras, generaba un revuelo mayúsculo. Al leerla, el Bebe se conmovió. Una mezcla de orgullo y vértigo lo atravesó: 


Por la presente autorizo al compañero John William Cooke, actualmente preso por ser fiel a su causa y a nuestro Movimiento, para que asuma mi representación en todo acto o acción política. Su decisión será mi decisión y su palabra la mía. 


En él reconozco al único jefe que tiene mi mandato para presidir a la totalidad de las fuerzas peronistas organizadas en el país y en el extranjero y sus decisiones tienen el mismo valor que las mías. 


En caso de fallecimiento, delego en el doctor John William Cooke el mando del movimiento

En Caracas, a 2 días de noviembre de 1956. 

Juan Perón 


Cuando Cooke terminó de leer la carta pensó: tengo que escaparme.


Gonzalo Magliano
Gonzalo Magliano

Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social y periodista; trabaja como subeditor de Ámbito Financiero y es docente del seminario Comunicación Política y Fake News en la UBA. Desde hace más de 20 años escribe sobre temas sindicales, derechos humanos y cultura en distintos medios como Crónica, Infonews y revista Haroldo del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti (ex ESMA). Entre otros trabajos, fue editor de la web Juicios de lesa humanidad en tiempo real de la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación. Operación Punta Arenas es su primer libro. 


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