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  • Foto del escritorFeli Garay

Espacio, fuerza y un mito gaucho para repensar Malvinas

Actualizado: 23 abr

¿Por qué EEUU colocó una base naval en el Sur? ¿Ushuaia es el Sur? ¿Y Malvinas qué sería entonces? ¿Y la Antártida? ¿Cuál es el centro?

Este artículo de Feli Garay parte del mito de Antonio Gaucho Rivero para repensar Malvinas. Desde allí, reubica el actual centro de nuestro país. No solo es un esfuerzo por componer una totalidad de ese discurso libertario que se muestra fragmentario y hasta errático en torno a la soberanía. Se trata también de una reflexión que actualiza la perspectiva sobre el territorio argentino.


por Feli Garay




Al conmemorar otro aniversario de la Guerra de Malvinas, nos sumergimos en la historia y figura de Antonio Gaucho Rivero para explorar temas políticos a través de conceptos simples de geometría como espacio, equilibrio y fuerza.


Rivero, un personaje mítico del cual sabemos poco, encarna una dualidad única de prócer y plebeyo. Nacido probablemente en Concepción del Uruguay y luego residente en las Islas bajo el gobierno de Luis Vernet, el primer gobernador argentino hasta la ocupación británica en 1833.


Resulta esencial detenernos brevemente en Vernet, quien ejerció la autoridad de una joven Nación Argentina al ejecutar la orden de combatir la pesca ilegal de lobos marinos, desencadenando tensiones con Estados Unidos que culminaron en una flota militar estadounidense sembrando caos en las Islas.

En medio de este conflicto, Rivero lideró una rebelión contra las tropas británicas, ondeando la bandera argentina, los refuerzos británicos no se hicieron esperar y la rebelión cayó.

Rivero fue atrapado y enviado a Londres para ser juzgado pero la justicia británica se negó a hacerlo al considerar que su ley no corría en territorio malvinense por lo cual fue devuelto a la Argentina. Su rebelión no fue justamente reivindicada hasta muchos años después. Sin embargo, es inaugural de un mito que llega como un eco hasta hoy.


La reivindicación de la causa Malvinas tiene múltiples facetas, pero nos brinda una oportunidad para reflexionar sobre la política actual.


En primer lugar, la política y la geometría comparten una preocupación por el espacio. El mar argentino, fundamental en nuestra historia, es un espacio completamente negado, del mismo modo que alguna vez se negó gran parte del territorio nacional bajo la figura del Desierto.


Pero esta extensión es una propiedad variable, sujeta a la praxis. Basta comprender que durante la Guerra de Malvinas el conflicto era sobre 11.000 km2 y hoy esa disputa supera el 1.000.000 km2.


En segundo lugar, la identidad argentina se extiende más allá de la tierra firme, abarcando la plataforma continental y antártica, así como el océano, configurándose una Nación bicontinental.


Este cambio de enfoque recalibra nuestro equilibrio hacia el sur. Quien viaje a Córdoba podrá sacarse una foto en el lugar consagrado como el centro geográfico del país. Sin embargo, hoy el centro del país está situado en Tierra del Fuego, y su límite sur, en el polo. Ya no corre la frase “de Ushuaia a La Quiaca”, ahora debería ser “De la Quiaca al Polo”.


Quienes conocen esto sobradamente son los estadounidenses que una vez desafiaron a Luis Vernet y que hoy se apoderaron de la base militar ubicada en el nuevo centro del país.


Finalmente, si hablamos de espacio, de equilibrio, el concepto clave que nos está faltando es la fuerza. La soberanía es la capacidad de ejercer fuerza sobre fuerzas opuestas. Es aquí donde se piensa la política incluyendo la dimensión de las relaciones de fuerza. Cualquier análisis que no piense en estos términos, es una conversación de café sin demasiado interés real.


El Estado argentino enfrenta desafíos para ejercer su soberanía, tal como le ocurrió a Luis Vernet al pretender que las potencias cumplan la normativa vigente. Hoy en día la soberanía se viola incontablemente en el territorio que no está bajo disputa legal, como en el caso de la milla 201 o la militarización del Atlántico Sur, ahora apoyada por el gobierno actual de la mano de su alianza imperial con la OTAN.


En este contexto, me gustaría cerrar la nota trayendo algo un poco más esperanzador: la propuesta de pesca social y soberana del CECIM de La Plata (Centro Ex Combatientes Islas Malvinas) ofrece una respuesta tangible, alentando al Estado a incorporar la pesca con fines nutricionales para abastecer a los comedores del país.


Esto no solo aborda la crisis nutricional, también refuerza la soberanía política a nivel comunitario, al pensar la soberanía desde las fuerzas macro de la política imperial hasta las micro de la nutrición. Reafirma así la lucha por la supremacía de la soberanía política sobre otras fuerzas que afectan a nuestra comunidad.





 

FELI GARAY


Columnista y co-conductor en Monoambiente Tv.

Graduado en Filosofía (UNLP) y maestrando en Medio ambiente y desarrollo sostenible (UNQUI).

Escribe sobre temas de política, filosofía y ambiente.

Es fanático de la mitología y de Racing.


 



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