Voces contra la derogación de la Ley del Libro
- Lean Alba

- 29 jul
- 5 min de lectura
Integrantes de distintos espacios que conforman la cadena de producción independiente y comercialización de libros cuestionaron las razones que oculta el Gobierno Nacional detrás de las intenciones de derogar la Ley del Libro (25.542) y de los cambios que pretende introducir en la Ley de Fomento del Libro y la Lectura (25.446): “Nos afecta a todos como población, no solo como sector de la industria cultural”, alertan.

Argentina transita el tercer año luego de haberse convertido en un laboratorio de pruebas libertario conducido por un líder que dice odiar lo que, según la Constitución Nacional, debe honrar. Tal vez la respuesta a este problema sea que para el oficialismo, la CN es un título más. Otro libro. Otro producto.
Hay quienes dicen que si esto fuera una novela podría pensarse que sería un giro interesante para desarrollar un nuevo tramo de historia. Uno que es, con seguridad, distópico. Naturalmente, la última reflexión surge si leemos la realidad desde el campo nacional y con perspectiva popular.
El laboratorio libertario mantiene múltiples frentes abiertos. En todos ellos el relato es similar y pueden observarse que las acciones que se llevan adelante se hacen en nombre de la “libertad”, “gente de bien”, “eficacia”/ “eficiencia”. Existe una estandarización de la respuesta oficial contra el campo popular: asfixia económica, demonización mediática/desinformación orquestada, represión y exclusión.
Tampoco hay modo de dejar de ver las continuidades a las que se abraza el laboratorio. Federico Sturzenegger es uno de los principales arietes. Fue secretario de Política Económica en la gestión de Fernando De La Rúa y uno de los artífices del Megacanje. Renunció en noviembre de 2001. Fue procesado por dicha operación y lo salvó la campana de la Justicia Federal. Retornó a la gestión con Mauricio Macri. Javier Milei imitó al expresidente de Boca y lo invitó a su plantel.
En los últimos días, se conocieron los nuevos blancos sobre los cuales el reconvertido en ministro de Desregulación y Transformación pretende pasar la motosierra.
Contra la cultura
El proyecto que impulsa el ministro apunta contra la Ley de Protección a la Actividad Librera (25.542), que se encuentra vigente desde hace un cuarto de siglo. Y opera de la siguiente forma: la parte editorial fija un precio exacto para cada título. Quien lo compra debe pagar lo mismo en una pequeña librería o alguna cadena grande. Además, busca realizar cambios en la Ley de Fomento del Libro y la Lectura (25.446). Esto último, que si bien pasó desapercibido en muchos radares, podría tener como resultado la extinción de los programas de lectura.
Como no podía ser de otro modo, y con el fin de que la propuesta se convierta en hit, el oficialismo ya empezó a moverse al ritmo de “la libre competencia”. El principal argumento es que esta maniobra permitiría salirse del esquema de precios únicos con el fin de alentar la competencia. Sobre este aspecto se erige el relato que promueve la derogación.

“Cuando una editorial fija el precio de un libro contempla el costo que conlleva escribirlo, editarlo, distribuirlo, venderlo y muchos etcéteras. De esta forma se genera un ecosistema que se retroalimenta con la circulación de libros”, explica Melisa del CFP N°24 Ediciones, editorial nacida a partir del trabajo en una escuela pública de Flores de la Ciudad de Buenos Aires. “Sin un precio único de venta al público, quien vende el libro decide el precio”, detalla.
“Para lxs autorxs, que las librerías de barrio o las editoriales chicas o independientes no puedan sostenerse significaría quedarse sin lugares donde publicar, sobre todo para autorxs emergentes y en géneros que no mueven grandes ventas, que necesitan tiempo o más difusión”, indica Elina, también de CFP N°24 Ediciones. “La desregulación, además, eliminaría el Fondo Nacional de Fomento del Libro y la Lectura y amenaza a las bibliotecas populares, promovidas por la Ley de Fomento del Libro y la Lectura”, amplía respecto a una de las aristas menos debatidas.
Para Elina, “lo que esta desregulación busca desarticular es también todo lo que crea comunidad y lazos desde abajo, como estos espacios de debate que escapan al discurso mediático alineado con este gobierno, y la cultura misma, achatada al rango de mercancía”.
En esa misma dirección traza su hipótesis Mercedes Idoyaga de la editorial La Máquina Eterna: “Nos afecta a todos como población, no solo como sector de la industria cultural”. “La búsqueda de la derogación de esta Ley tiene que ver con la intención neoliberal de ahogar la producción local. Todo el sistema de la industria editorial, si es fuerte y autónoma, genera autores y autoras, libros e intercambios de calidad, que permiten identificarnos y reconocernos como pueblo. Se trata de tener soberanía en el sentido artístico y cultural, y cuando se tienen gobiernos vendepatria se activan procesos en contra de esto mismo”, desarrolla.

Desde la editorial ubicada en el oeste del conurbano bonaerense, Idoyaga enfatiza: “Un pueblo que no se conoce es un pueblo manipulable”.
La derogación implicaría agredir todavía más al ecosistema del libro, un sector sumamente castigado por las condiciones y en obvias desventajas frente a la posibilidades con las que cuentan las grandes cadenas que, con el objetivo de promover un título, pueden permitirse reducir los márgenes de ganancia. En el caso de las editoriales y librerías chicas, este procedimiento es imposible de replicar puesto que no cuentan con la espalda para incidir sobre el mercado. Idoyaga lo explica del siguiente modo: “Al eliminarse el precio uniforme de venta al público se permitiría la libre fijación de precios y estos sectores, que son capaces de reducir su márgen de ganancia al mínimo habilitando descuentos masivos o dumping, cubrirían toda la oferta del mercado editorial”.
Dumping: es una práctica comercial caracterizada como desleal debido a que se produce cuando una empresa vende un producto a un precio más bajo que en el mercado de origen o, incluso, menor que el costo de producir dicho bien.

Avanzar en la dirección que propone Sturzenegger tendría ganadores muy claros. Gabriela
Lima Chaparro, de BoRiS, única editorial en el país en incorporar la Lengua de Señas Argentina como segunda lengua, ubica a estos sectores en el mapa: “Serían las grandes cadenas que importan bestsellers”. La editora indica que las modificaciones pondrían la atención de la producción y la circulación “en los libros que se venden rápido y están de moda”. “Lo que se propone es una agenda de mercado”, resalta, al tiempo que alerta: “El lector vería reducidas sus posibilidades de lectura”. “Es decir, perderíamos la bibliodiversidad”, esgrime.
Las nuevas avanzadas inauguran el segundo semestre del tercer año desde que el país se convirtió en un laboratorio de pruebas libertario. Esta distopía para los sectores populares ya fue caracterizada. Incluso el mismísimo Norman Brisky dijo, en octubre de 2024, durante la entrega de los Martín Fierro al Cine: “Nos están afanando la ficción”. “Está en la Rosada la ficción”, amplió en ese entonces. Sus palabras no solo se referían al avance y endiosamiento de la IA, sino a la generación de condiciones para que esto ocurra.
Equiparar al libro con otros productos es resultado de la falta de compresión de la particularidad. Los libros son puertas a otros mundos. Dijo alguna vez Alberto Laiseca que el arte permite estimular la imaginación, algo que no suele caracterizar a las entidades educativas debido a sus sistemas de enseñanza. Romper el acceso a estos portales, entonces, es romper el acceso a los accesos.
Al margen de que exista un plan, las derechas del mundo envalentonadas por la retórica neofacista (a veces vendida como tecnofeudal para restarle beligerancia) navegan detrás de un mismo norte: la plena homogeneización.
Del otro lado, el pueblo intenta organizar sus singularidades. Conservarlas. Parece quieto, manso. Un fenómeno similar ocurre con la masa. Sobre todo, cuando gana volumen.




Comentarios