El Indio después del Indio

La Lechiguana te comparte este ensayo cultural escrito por la dirigente matancera del Peronismo Militante y senadora por la provincia de Buenos Aires, Amira Curi. A cuarenta años de Oktubre, el disco emblemático de Los Redondos, Amira recorre la historia del Indio Solari, desde la contracultura platense hasta su consagración como fenómeno popular en la Argentina de los noventa. Escrito en octubre de 2026, cinco meses después de su partida, reflexiona sobre el legado de una voz que construyó un lenguaje compartido y una identidad colectiva que trasciende su ausencia.

El Indio todavía no entra en el archivo. No cabe en el obituario prolijo ni en la lágrima domesticada del rock nacional. Hay muertos que la cultura guarda como estampitas y otros que el pueblo sigue usando como una llave: para abrir una pieza, una ruta, una bronca, una memoria.
Solari fue eso: una voz nacida en Paraná que pateó su formación en la rareza platense y que se consagró cuando la Argentina aprendía a llamarle modernización al desamparo. En los noventa, mientras el mercado prometía importarnos la felicidad en cuotas, Los Redondos armaron una patria clandestina: oscura, plebeya, desconfiada, hermosa.
No eran la banda de una generación; eran la contraseña de quienes sabían que la fiesta siempre terminaba con la policía en la puerta.
El fenómeno del Indio y de sus Redondos de Ricota muestra cómo una cultura nacida fuera del mercado —underground, artística, rara, desconfiada— terminó construyendo una comunidad popular masiva justo cuando la Argentina de los noventa convertía ciudadanos en consumidores y desarmaba las pertenencias colectivas.
Su peronismo no está solo en sus declaraciones: está en haberle dado lengua, ritual y dignidad simbólica a una multitud sedienta y harta para la que no había lugar en la fiesta neoliberal.
En lugar de pensar en qué hizo el Indio para construir ese público, pienso más en qué hizo ese pueblo con él. La pregunta: ¿qué país llora cuando llora al Indio Solari?
Entre las despedidas más multitudinarias del país se encuentra la suya. Tampoco voy a pasar por alto que, para ese evento, de mínima, medio mundo le puso la firma al desastre en las calles y sucedió absolutamente todo lo contrario.
Una multitud respetuosa y triste fue, de manera casi solemne, a despedir bajo la lluvia del Corpus Christi a ese hombre que, para muchos y muchas, ofició de padre.
“No quedó un vacío. Quedó un idioma.”
Un idioma hecho de metáforas oscuras, de desconfianza hacia el poder, de belleza encontrada donde otros solo vieron descarte. Un idioma que no necesita permiso para existir y que reaparece, obstinado, cada vez que la Argentina vuelve a discutir quién merece ser escuchado.
Quizás por eso la pregunta nunca fue qué iba a pasar cuando Solari dejara de cantar.
La pregunta era otra. ¿Qué iba a pasar con nosotros?
Solari, un chico nacido en Entre Ríos bajo el primer peronismo y formado en la ciudad universitaria que después sería laboratorio de belleza, represión y contracultura. Al provenir de una familia bien educada y de buen pasar económico, nuestro joven Míster tuvo más oportunidades y acceso a ver el mundo más allá de La Plata.
LOS OCHENTA. LA CONTRACULTURA.

Movimientos revolucionarios, experiencias psicodélicas, antros donde nació la música que lo inspiró. Ahí se forma la trama que luego daría origen a la banda. Ciudad paranoica, voz áspera, bajo, saxo, noche, desencanto, humor negro, dictadura, deseo y amenaza.
Ellos no fueron post punk en el sentido del manual británico, sino la versión argentina, plebeya y literaria de una sensibilidad post punk: después de la utopía y antes del shopping.
Los lugares que, hacia la época de la formación de Los Redondos, Solari frecuentaba eran los que hoy todos reconocemos como íconos de aquella manifestación contracultural que nació por necesidad, bajo la prohibición del terrorismo de Estado.
Con todos esos ingredientes en la olla, se armó la ciudad como laboratorio de una política de las formas: no pedir permiso, no traducirse, no volverse prolijo para agradar.
Los Redondos crecen, tocan en todos lados. Su voz, su baile con una patita levantada, sus tres saltitos, camisa a cuadros, nunca de deportivo. Los solos de Skay, el saxo de Willy Crook y Dawi, todos se siguen mezclando con el ruido del país. El Indio dejó una forma de habitar la intemperie en soledad.
De yapa, hermosas canciones, discos para transitar cada momento de la vida. Si estás duelando, yo te recomendaría que escuches "Luzbelito"; cuando estés saliendo, te va a acompañar mejor "Cordero atado".
“La cultura popular supone ser toda obra que, a través de un lenguaje, relata la historia de su pueblo.”
LOS NOVENTA. LA PATRIA CLANDESTINA

De la psicodelia de protesta al combate directo en conferencias de prensa. La consagración masiva y su paradoja.
Mientras el menemismo ofrecía consumo, privatización del deseo y éxito individual, Los Redondos proponían otra cosa: comunidad opaca, peregrinación, códigos propios, independencia de las grandes compañías, rechazo a la domesticación mediática.
La violencia fue protagonista. En los recitales pasó a ser costumbre: policía reprimiendo a diestra y siniestra. La cultura del aguante y el romanticismo de la marginalidad fueron una bandera de la patria ricotera y un día todo se complejiza aún más.
EL CASO WALTER BULACIO

En abril de 1991, Walter Bulacio fue detenido por la Policía Federal en las inmediaciones de Obras Sanitarias antes de un show de la banda, y murió tras sufrir una golpiza. A raíz de la violencia policial, la banda decidió dejar de tocar en CABA por un largo periodo.
El país es una bomba de tiempo. En medio de este contexto complejo, Los Redondos no retrocedieron y fueron a fondo, no porque bajaran línea, sino porque entendían que el arte popular no subestima al pueblo: le exige, le habla difícil, lo abraza sin explicarlo, lo convoca a trascender y a defenderse.
Corría 1998. Buenos Aires transpiraba. Conozco a alguien que tenía apenas ocho años y era la primera vez que salía de La Plata para conocer la ciudad de Buenos Aires. De lo que no tenía idea era de que esa iba a ser la primera vez que iba a estar adentro del pogo.
Su papá había conseguido un piano a buen precio en Capital. El viaje todavía era largo, lento, sobre todo para un niño inquieto que miraba por la ventanilla una ciudad desconocida. Con el instrumento cargado, emprendieron el regreso. A pocas cuadras del Obelisco, el tránsito se cerró sobre ellos: calor, humedad, bocinas y humo.
En medio del embotellamiento, alguien puso un casete. Adentro de ese coche estaba por empezar una fiesta.
Entonces sonó "Ji ji ji". El auto dejó de ser un auto.
El padre y el padrino recuperaron de golpe la risa, la juventud, las ganas de joder. Golpearon las puertas y el techo mientras la canción se mezclaba con el ruido de la calle atestada. Y cuando llegó el estribillo, los tres agitaron juntos aquel "no lo soñé".
Durante unos minutos, el tránsito desapareció.
Aquel chico todavía no sabía que algún día iba a vivir de la música, que tendría su propia banda ni que miles cantarían sus canciones. Pero algo de esa vida ya viajaba allí. Antes de los escenarios y antes de cualquier multitud, el rock le mostró eso: que una comunidad puede aparecer en cualquier parte. Incluso dentro de un auto inmóvil.
El primer pogo de su vida ocurrió allí, bajo el calor húmedo de 1998.
La separación de Los Redondos es un hecho en el 2001. A partir de esa ausencia en la escena, en cada recital sonaban infaltables los cánticos transformados en herramienta de lucha.
Poco después, Solari volvería con Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, llenando de multitudes incalculables cada pueblo y provincia hasta el último, en el año 2017, en Olavarría.
Un párkinson inmovilizó un cuerpo. Las voces no envejecen igual que los hombres. Quedan flotando en los barrios, en las rutas que llevan a un recital, en una remera gastada.
Tal vez por eso el Indio dejó de ser solo un cantante hace mucho tiempo; se volvió un paisaje. Una manera de caminar entre las ruinas sin aceptar que las ruinas sean el destino. Una forma de desconfiar cuando todos aplauden.
De seguir buscando belleza donde el mercado solo encuentra descarte.
“¿Qué parte de nosotros sigue siendo capaz de reconocer esa voz cuando vuelva a aparecer con otro nombre, otra cara, otra música?”
El párkinson, la enfermedad que lo mató, fue tal vez la señal de que la muerte era una oportunidad para ser libre. La batalla cultural la sigue dando aún después de su paso a la inmortalidad.
Será tarea nuestra continuar ese legado y cantarle a los perdedores y a los vencedores, porque hace un mes que Solari nació para siempre.
Algunos artistas dejan una obra. Otros dejan una tradición.
Carlos Solari dejó un modo de mirar la Argentina descartada y, esperemos, la posibilidad de que miles de desconocidos seamos capaces de reunirnos a través de su música, bajo la misma intemperie.

Dirigente política argentina oriunda de La Matanza, provincia de Buenos Aires. Integra la organización Peronismo Militante y desarrolla su trayectoria en el ámbito de los derechos humanos, la participación juvenil y la militancia territorial.
Entre 2018 y 2021 se desempeñó como subsecretaria de Derechos Humanos de La Matanza. También fue delegada de la Defensoría del Pueblo bonaerense y secretaria de Juventud del Partido Justicialista provincial. En 2023 fue elegida senadora de la provincia de Buenos Aires por la Tercera Sección Electoral, en representación de Unión por la Patria.
Su trayectoria está vinculada con la memoria histórica, los derechos humanos y la organización política peronista.




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